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lunes, 28 de junio de 2010

¿Para qué sirve este dolor?

El dolor, a veces, nos cae encima como el inesperado ruido del trueno. Y quiebra esa calma que nos trae la rutina.

Nos preguntamos ¿Cómo borrar este dolor que paraliza el alma? ¿Cómo evitar nuevos dolores?

Y entonces el dolor viene a decirnos que llegó para contrastar todo lo hermoso que ahora deberemos atesorar de nuestros recuerdos. Hay muchos momentos dulces que hemos vivido, que afloran cuando el dolor clava su espada en nuestro pecho. Momentos con humor, besos tiernos, la tranquilidad de saber que cuentas con un amigo en un momento de indecisión, placeres que alumbraron tu día. No debemos perder de vista lo hermoso que vivimos.

Entonces las preguntas que surgen son diferentes ¿Cómo puedo construir nuevos momentos felices con este aprendizaje? ¿Para qué me sirve este dolor? ¿Cómo ser capaces de tomar el dolor y convertirlo en crecimiento?

Es difícil esto en un momento de dolor. Pero tal vez los amigos ayuden a hacer esta reflexión, que vale la pena, porque después viene la paz. Y la paz en el alma nos ayuda a vivir más sanos, mejor.

viernes, 21 de mayo de 2010

¿Qué nos mueve?

Hace poco conocí a un hombre extraordinario. Es bueno en su trabajo, con gran capacidad de trabajo en equipo. Pero lo sorprendente llega al ir explorando su vida con mayor detalle. Uno entonces descubre que dedica parte de su tiempo a construir mediaguas para personas que perdieron su casa con el terremoto, que se preocupa de recolectar ropa y alimentos para llevarlos a un pueblo en el sur y organiza grupos de ayuda para diversos fines con gran capacidad de convocatoria. Él construye con un inmenso deseo de hacer de este mundo un lugar mejor para todos.

Desde hace un tiempo, una mujer que me conoce muy poco se ha dedicado a hacer comentarios negativos sobre mí. Puede que alguien se haya dejado convencer por sus palabras inteligentemente hilvanadas. Yo sé que no son ciertas y eso me basta. Esta situación ni siquiera me produce rabia. Más bien curiosidad. Porque quisiera saber qué la mueve. ¿Por qué gastar esfuerzos en dañar a alguien en vez de disfrutar lo que tiene?

¿Qué mueve a las personas a elegir en cada momento hacer una cosa u otra? ¿Por qué algunos miran hacia adelante y otros sólo el momento? ¿Por qué algunos miran a los demás y otros sólo a sí mismos? ¿Dónde surge esa llama que enciende el espíritu de una persona y la convierte en un constructor del universo?

Me gustaría poder contestar estas preguntas, porque sé que los que agradecen lo que tienen y tratan de compartirlo disfrutan de mejor salud que aquellos que se centran en quitarle algo a los demás.

sábado, 25 de julio de 2009

El amor es una fuerza creadora

El amor es un sueño que se viste con muchos trajes diferentes. Lo imaginamos de mil maneras y construimos nuestros propios esquemas. Creemos que el amor debe satisfacer muchas de nuestras carencias, que llenará espacios que no hemos podido llenar nosotros mismos, que traerá la felicidad que no hemos sabido vislumbrar caminando solos.

Pero el amor no traerá ninguno de estas cosas como si fueran obsequios que llegan desde lejos hasta nuestra puerta. Sólo hará germinar lo que ya anida en nuestro espíritu.

Reconoceremos el amor cuando notemos que sale a la superficie la excelencia que hay en nosotros. Cuando una fuerza invisible nos ayude a buscar un resultado superior, cuando queramos actuar lo más correctamente posible para honrar a quien amamos. Advertiremos el amor a nuestro lado cuando el tiempo pierda su significado. Cuando empecemos a desempolvar esos sueños que harán mejor el universo y nuestra vida; esos mismos sueños que se habían apretado en un rincón para dejarnos vivir la rutina.

El amor no es una obsesión ni el trofeo en una competencia, es una fuerza creadora y permanece más allá de la presencia de quienes la generaron. Si queremos saber si es amor… preguntémonos si nos hace bien, si nos llena de paz. Y si se trata de nuestra pareja, contestémonos con la mayor honestidad; a su lado, además de este ímpetu generador ¿sentimos la sensación de haber recalado en un puerto seguro?

Para poder recibir toda la potencia del amor en nuestras vidas, debemos prepararnos, aprender a ver la felicidad que está en nuestro pecho, usar espacios en nuestra vida para encontrar calma o ver oportunidades de crecer. Debemos cultivar la capacidad de disfrutar sin parafernalia, con películas antiguas de la televisión o un simple café. Y cuando estemos preparados… el amor llegará.

sábado, 4 de julio de 2009

¿Vale la pena el esfuerzo?

Hace unos días me tocó escuchar una conversación entre dos jóvenes. Ella se refería a otra niña, no presente allí, como irresponsable, caprichosa y coqueta (usó, en realidad, un término más fuerte). Es probable que la chica aludida no haya sido tan irresponsable o caprichosa como intentaban hacerla parecer, sino más bien, una evidente amenaza; pero no va por ahí mi comentario.

Me quedé pensando en la energía desplegada en ese esfuerzo. La argumentación tenía dos posibles destinos:

El joven podía seguir su camino, sin darse por aludido respecto a los comentarios. En este caso, el brío de la comentarista sería, claramente, perdido.

La otra posibilidad es que la chica, finalmente, le convenciera de ser mejor que la irresponsable. Pero… entonces ella sería mejor que alguien poco valioso (según sus propios planteamientos) …¿no es más gratificante ser elegido si las alternativas son también buenas?

Me quedé pensando después de que se alejaron. Se elige a cada momento hacia dónde dirigir la voluntad. Cada opción puede aportar al universo o quitarle algo a otros. Para cada resolución hay que intentar mirar hacia la jugada siguiente… ¿adónde lleva nuestra determinación?

No hay forma de que estos esfuerzos destructores den un resultado positivo… Es mejor invertir la energía en construir. Para todos alcanza el amor en este mundo. Y el amor es, básicamente, una fuerza creadora. Siempre.

martes, 30 de junio de 2009

Agradecer en vez de odiar

Todas las relaciones con las que nos enfrentamos en la vida tienen algún propósito que debemos entender y honrar.

Incluso aquellas relaciones que nos han hecho sufrir, amigos, maridos, mujeres, profesores. Pueden ser, sin que lo advirtamos, ángeles que nos han puesto en alguna situación que debemos resolver o que nos han impuesto alguna dificultad para que nos diéramos cuenta de algo importante.

Antes de odiar a esas personas que nos inflingieron algún daño… pensemos.

¿Será que esa experiencia era necesaria para llegar a ser quienes somos ahora? Tal vez debíamos templar nuestra alma para adquirir la fuerza que ahora nos permite enfrentar desafíos importantes.

¿Será que debíamos enfrentarnos a una situación para aprender una lección? Tal vez era importante vivir nuevamente alguna situación que no habíamos manejado bien antes…

Esa persona que nos hizo sentir tanta rabia… tal vez sólo ayudaba a nuestra alma a crecer. Entonces… ¿no será mejor agradecer en vez de odiar?

martes, 23 de junio de 2009

Para vivir mejor

Para vivir mejor cada ser humano debe descubrir su fórmula. En este proceso probablemente nadie podrá reemplazarlo. Cada uno deberá tener una conversación privada consigo mismo para descubrir sus prioridades, sus valores intransables, lo que puede dejar ir. Porque para disfrutar todo lo que la vida puede darnos no sólo es necesario estar sano desde un punto de vista fisiológico o físico. También hay que aprender a ser feliz.

A continuación 7 recomendaciones generales que pueden ayudar a encontrar el camino personal:

1. Búsqueda espiritual. Esta búsqueda parte por nuestro propio yo y sigue con la búsqueda de la trascendencia.

2. Profundizar algunas relaciones personales, incluyendo la relación primaria. El cable a tierra más potente de los seres humanos siempre es una relación personal.

3. Buscar y respetar lo que aquellos con más experiencia, tienen que enseñar. En una era donde cada vez hay más personas con muchos años de estudios formales a veces menospreciamos lo que la experiencia bien adquirida puede enseñarnos. Con el filtro de nuestro buen criterio, debemos revisar las experiencias de los mayores y de aquellos que, sin ser mayores, sin ser más poderosos, sin ser más ricos... igual pueden darnos grandes lecciones, porque vivieron algo que nosotros no.

4. Darse tiempo para salir a la naturaleza y cuidarla. La obra de Dios es evidente en cada detalle de la naturaleza, el perfil de la nuestra cordillera, el sonido del agua que corre, la multitud de colores; y todo está ahí gratis, para nosotros. Y debería estar ahí para nuestros nietos.

5. Explorar el interior por las habilidades no explotadas, mirar la infancia. Debemos estar alertas a las señales del universo, mirar con los ojos ávidos de novedad de un niño. Hay muchas cosas que no hemos intentado, pero podemos hacer bien y tal vez nos den sensación de plenitud. Muchos sueños que con la ayuda de los que nos quieren podrían ser una realidad espectacular. (¡Nunca es tarde!)

6. Dar. Dar hasta que duela. Dar no sólo lo que tenemos, sino lo que somos. Sonreir, acompañar, escuchar son formas superiores de dar.

7. Evitar la “comida chatarra” para el alma. Rodearse de buena música. Masaru Emoto demostró que con pensamientos positivos y buena música se forman cristales de agua hermosos y con pensamientos negativos y algunos tipos de música se forman estructuras aberrantes. Acercarse a personas positivas, usar lenguaje positivo (base de la Programación Neurolingúistica). Crear ambientes armónicos, sin exceso de adornos ni cosas inútiles.

Buena suerte en este viaje.

sábado, 20 de junio de 2009

Todo dolor tiene un sentido

Hay ángeles que se cruzan en nuestras vidas para presentarnos un dolor que debemos vivir para aprender algo en nuestro crecimiento.

Esos dolores darán un fruto de amor que no siempre se comprende a la primera lectura. A veces hay que volver una y otra vez al mismo dolor florecido en el alma para llegar a entender por qué se cruzó en nuestro camino. Pero el proceso de evolución del espíritu bien vale la pena.

Ningún dolor debe quedar sin sentido. Debemos honrar a los que nos han ayudado a encontrarnos con este sufrimiento, buscando la razón de por qué debemos vivir esta experiencia.

Siempre que sentimos una pérdida hay dolor. Pero esa ausencia nos permite emprender alguna tarea que no podríamos lograr si la situación no hubiera cambiado. A veces. por el dolor, se estrechan lazos de amor que antes no valorábamos en su justo alcance, desarrollamos una fuerza que nos permite vivir más fácilmente después, aprendemos a conocernos mejor y a reconocer las señales de felicidad, o asimilamos las fuentes diarias de alegría y paz.

Como sea que nos haga crecer el dolor, debemos descubrir el regalo de amor que viene oculto en él.

martes, 16 de junio de 2009

Ese difícil perdón

En nuestras relaciones interpersonales, muchas veces ocurren hechos que nos hacen sufrir o dañan a otros. Esas situaciones, a veces, toman lugar en nuestras vidas y se arrastran por nuestros días sin dejarnos libres. Y son un lastre que nos dificulta amarnos, o ver la belleza en el amanecer, en las hojas del otoño, en las sonrisas ajenas, en los pequeños gestos de generosidad que otros seres humanos regalan.

Para alivianar esa carga que a veces dobla nuestras espaldas hay un secreto, fácil y difícil a la vez. El perdón.

Cuando conseguimos perdonar, cuando logramos recordar sin dolor, nuestro cuerpo es más liviano de llevar, nuestra felicidad es más fácil de alimentar. Para eso a veces basta entender que el otro vivía sus propios dolores cuando nos dañó. En otras circunstancias tendremos que aceptar que la opción de esa persona que nos hizo sufrir fue una decisión cuya responsabilidad le corresponde al otro y que nosotros no podemos controlar.

Cada dolor es distinto y tendremos que preguntarnos muchas veces por qué nos duele tanto la ofensa. Con sorpresa, algunas veces descubriremos que la magnitud del dolor no corresponde a la ofensa, sino a otros fantasmas que cargamos desde antes.

Para perdonar es necesario, eso sí, buscar intencionadamente la forma de hacerlo. Puede decirse que es nuestra responsabilidad de alguna manera.

Lo magnífico de esto es lo liberador que es el perdón. Una vez que hemos perdonado nos libramos de un peso. Sea que perdonemos a otro o a nosotros mismos. Porque muchas veces tenemos que ejercer este cometido con nuestros propias caídas. Debemos aprender de nuestros errores, no castigarnos eternamente por ellos.

No importa quién haya cometido la falta, absolverle de culpa nos liberará y nos permitirá ser más felices… vivir mejor.

sábado, 13 de junio de 2009

¿Soñar? ¿Planear?

Hace poco leía un artículo que diferenciaba a los sueños de las metas. Definía a los primeros como ideas sin sentido ni dirección y a las últimas como la pulcra hermana que sí tiene sentido y claridad absoluta del fin. Comparto con el autor la idea de que las metas son deseables y permiten diseñar rutas. Sé que ordenan la vida y ayudan a establecer prioridades. Pero los sueños… esos momentos de arrobo absoluto frente al paño sin cortar del infinito todo… ¿no son la semilla de la meta que germinará en el útero de la consciencia? Yo quisiera, más bien, pensar que ese ideal nos llevó al camino que debemos andar. Como lo dijo George Bernard Shaw antes que yo… “Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él”. Y allí entran las racionales metas que permiten establecer un plan.

Vuelvo al arrobo ilimitado de la ilusión. Fantasear suele ser un gran solaz para el alma. Pero debemos tener cuidado de no soñar como el gato de callejón que se lame las heridas pensando en ir tras aquel que lo dejó cojeando. Debemos ir tras grandes visiones. Nuestras quimeras pueden dar origen a grandes revoluciones. Gustave Flaubert nos advirtió: “Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos”

Y por sobre todo, debemos estar conscientes del gran poder de nuestros anhelos. Ya lo decían nuestros abuelos… “Cuida tus sueños, porque pueden realizarse”

viernes, 5 de junio de 2009

Sabor a cielo

Los alimentos tienen sabor, textura, aromas. Y a través de estas características nos pueden llevar a cielos indescriptibles. El placer de ese bocado favorito puede detener la lágrima. La sensualidad de algunas frutas puede abrir caminos hacia experiencias de placer sin barreras. ¿Cuántas veces agradecemos este regalo de la naturaleza como corresponde a su valor?

Hace muchos años, una escena de una película japonesa me cautivó por lo simple y grande al mismo tiempo. Una pareja de amantes compraba con algunas monedas, que habían sido muy difíciles de conseguir, un par de pasteles que no eran más grandes que una nuez. Luego, estos campesinos japoneses, acostumbrados a una vida extremadamente dura, comían estos pasteles en un éxtasis envidiable. Además de entender con este suceso que la capacidad de sentir goce no está en el exterior, me quedó en el alma una lección que agradezco hasta el día de hoy. Los sabores nos ayudan a construir momentos, recuerdos, ensoñaciones… y se queda ahí con nosotros un tiempo largo aunque lo que hayamos comido no sea una gran cantidad. De hecho, el recuerdo del sabor es el mismo después de un trozo o de cinco. Y puede volver una y otra vez a nuestra memoria para elaborar nuevas sensaciones o vivencias.

El sabor es una invitación al deleite, al erotismo, al agrado, a buscar los buenos recuerdos. Es un regalo de la naturaleza para que todos nuestros días puedan ser especiales.

Si quiere hacerse un regalo de sabor visite: http://produccionespaprika.blogspot.com

miércoles, 3 de junio de 2009

Hoy construimos el mañana de todos

Hoy es el futuro de nuestro ayer. Y será el pasado de nuestro mañana. Lo que nos ocurre hoy es una consecuencia directa o indirecta de lo que hicimos antes. Y la próxima semana o el año próximo viviremos las consecuencias de lo que estamos construyendo actualmente. Nada de lo que hacemos se pierde en el universo. Todo genera nuevos caminos. Y lo que dejamos de hacer también abre o cierra puertas. No sólo para nosotros, sino para toda la humanidad. Tenemos responsabilidad sobre lo que nos ocurre a nosotros mismos y a los demás.
Cuando comprendemos esto miramos nuestras decisiones con otros ojos. Cada cosa que hacemos es importante. Nosotros somos importantes.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Redescubramos el sonido del silencio

Nos hemos desacostumbrado al silencio. Vivimos en un mundo de ruidos que no nos permite escuchar el silencio muy a menudo.
El ruido nos mantiene en constante preocupación por lo que ocurre a nuestro alrededor.
Sin embargo, el silencio es sanador, necesario y nos permite encontrarnos con nosotros mismos.

El silencio nos permite generar intimidad con nosotros mismos, contarnos qué queremos, de qué estamos desilusionados, qué deberíamos cambiar para ser más felices, qué valoramos, qué somos, qué dones nos han sido concedidos. Y nos permite agradecer. Por lo que somos, por lo que hemos vivido, por las personas que están a nuestro alrededor.

Sólo si somos capaces de estar en silencio con nosotros mismos podremos llegar a disfrutar del silencio compartido, una forma de intimidad con el ser amado que sólo disfrutan aquellos que están en paz consigo mismos.

Busquemos instancias para estar en silencio, reencontrarnos y reencantarnos con lo que somos. Viviremos mejor.

martes, 21 de abril de 2009

La magia de sonreír

Una sonrisa es mágica. ¿Lo habían notado?
Si tenemos pena es más suave si alguien nos sonríe.
Si tenemos dudas una sonrisa serena nos da la tranquilidad que necesitamos para volver a avanzar. En un momento de vulnerabilidad nos regala seguridad y si la divisamos entre la multitud nos comunica que no estamos solos.

Si abrimos el pecho, extendemos los brazos y sonreímos… nuestra confianza en nosotros mismos mejora. No importa cuanto sufrimiento traigan los tiempos.

Si sonreímos nos sonríen y todo resulta más grato.

Y es tan fácil que parece mentira que pueda ayudarnos tanto a vivir mejor.

jueves, 16 de abril de 2009

Somos dueños de nuestras emociones

Podemos controlar nuestras emociones para hacerlas fluir de manera de no herir a nuestros cercanos y no producirnos daño nosotros mismos. Pero también podemos leerlas para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento. Ellas vienen de nuestro inconsciente. Son mensajes que nos urgen a tomar algunas decisiones. Es clásica la explicación del miedo, que induce la decisión entre huir o pelear. Pero todas las emociones traen mensajes que tenemos que leer para poder mantener las emociones agradables y desprendernos de las incómodas.

Son mensajes personales, que tenemos que aprender a descifrar.

La rabia puede ser que nos esté instando a cuidar los límites que le imponemos a los demás. O tal vez debemos revisar qué hacer frente a algunas inconsistencias. En general, los demás nos hacen sólo lo que nosotros les permitimos hacernos… pero eso no siempre es lo que deseamos en el fondo de nuestro corazón. Y la rabia puede permitirnos encontrar la línea donde debe estar la frontera.

La pena tiene que ver con la sensación de pérdida actual o inminente. A veces la pérdida es evidente, como cuando se muere un ser querido y la pena nos llama a acomodar nuestras rutinas para continuar con nuestra vida. A veces la pérdida es menos obvia, es, por ejemplo, una relación que se perdió. Y la pena nos llama a liberar las amarras que tratan de sujetar algo que ya no está. A veces se trata de enfocar nuestra vida hacia horizontes muy diferentes, a veces se trata de acomodar pocas cosas. Pero la pena persistirá si no identificamos la pérdida para liberarnos de ella.

Lo importante es no meter las emociones negativas debajo de la alfombra hasta que, de pronto, ya no nos dejen avanzar. Lidiar con una emoción es infinitamente más fácil que hacerlo con una gran cantidad de ellas. Y hacerlo cuando la emoción es reciente nos facilitará el trabajo de buscar las causas más profundas.

No hay nada más frustrante como cuando nos dicen “tú siempre haces tal cosa y yo no digo nada” Porque no nos dieron la posibilidad de aclarar el punto o mejorar. Si nosotros no leemos nuestras emociones podemos acumular muchas de esas situaciones que la otra persona pudo explicar o cambiar hasta el punto en que la reparación ya no sea posible. Y perderemos algo importante que podríamos haber conservado.

Leer nuestras emociones y resolver las decisiones que nos empujan a tomar puede ayudarnos a vivir con más armonía, a vivir mejor.

jueves, 26 de marzo de 2009

Todo lo que hacemos nos da salud (o nos la quita)

Cada decisión que tomamos, cada cosa que dejamos de hacer va construyendo nuestras vidas tal como las vivimos. Si la cosecha es buena es porque la siembra ha sido sabia.

Tendemos a pensar que cuidar las consecuencias de nuestros actos se refiere sólo a actuar dentro de la ley o con respeto por el prójimo. Si bien es cierto que debemos preservar este tipo de actuaciones, debemos también tomar en cuenta que las consecuencias de nuestros actos no siempre las sufren los otros.

Muchas veces es nuestro propio organismo el que sufre porque hemos sido irresponsables con él. Pero cuando esas consecuencias llegan, actuamos como si vinieran del espacio exterior. Nos duelen las rodillas. Pero llevamos años sobrecargándolas con un sobrepeso por el que no hacemos nada. Nos molesta el colon. Pero no hacemos nada para aprender a manejar el estrés del día a día y caminamos por la vida en forma automática. Tenemos un gran riesgo de eventos cardiovasculares, pero no estamos dispuestos a dejar de beber o de comer grandes cantidades de carne.

Si revisamos nuestras pequeñas decisiones de todos los días veremos que somos verdaderos protagonistas de nuestra vida. Cuando elegimos bebidas gaseosas en vez de agua, cuando elegimos fumar en vez de salir a caminar, cuando comemos un gran trozo de carne en vez de un plato de lentejas, cuando decidimos pasar media tarde pensando en problemas que nos estresan pero que no estamos solucionando. Sí. Pero también construimos nuestro futuro cuando caminamos en vez usar el auto, cuando conversamos con nuestros seres queridos sobre los límites que deben respetar, cuando decidimos convertir nuestro hobby en una actividad rentable, cuando buscamos nuevas maneras de comer alimentos saludables que antes no nos gustaron.

Todas estas decisiones que parecen tan diversas y poco relevantes son las que van construyendo nuestra salud. Para mal o para bien. Según nuestra voluntad. Pequeñas medidas nos pueden acercar a vivir más sano. A vivir mejor. Si tiene preguntas sobre sus hábitos de vida, o cree que puede ayudar que su entorne mejore su estilo de vida, visite los servicios en línea de www.estilosaludable.org

miércoles, 18 de marzo de 2009

Conversémonos un café

El ser humano es gregario por naturaleza. Cada sujeto precisa de los otros y es necesario para el resto. Los demás pueden enseñarnos, hacernos sentir queridos, ayudarnos a reconocer hechos importantes para nuestra salud, motivarnos a ser mejores, apoyarnos para ser felices. Para eso están ahí. Y para alguna de esas cosas estamos nosotros en la vida de los otros. Debemos procurar que nuestras relaciones humanas puedan atender alguna de estas necesidades. Busquemos en esas personas que están a nuestro lado cuál de los beneficios mencionados debemos agradecerles. Y hagámoslo, a todos nos hace bien que nos den las gracias por estar ahí.

Tratemos de pedirle a nuestros cercanos aquellas cosas que les resulten fáciles. Nuestra pareja nos debe apoyar para ser felices, nos puede motivar para ser mejores. Nuestros hijos, en su constante desarrollo, nos enseñan cada día algo nuevo. Nuestro médico o nuestra nutricionista saben bien qué rutinas alimentarias serán elegibles, nuestro dentista nos enseñará cómo cuidar la salud de nuestra boca. Cada uno de los individuos que están a nuestro alrededor tiene una experticia particular y debemos reconocerla, respetarla y estar abiertos para recibir un regalo a través de ella.
Todas las personas que están cerca de nosotros pueden enseñarnos algo, incluso aquellos que no tienen largos años de estudios formales, porque la vida nos ha enseñado a todos por diferentes caminos. Todos podemos mejorar el mundo de otras almas.

Conversar nos puede ayudar a entrar en nuestro propio mundo. Conocernos es un proceso complejo y largo. Y para lograrlo debemos enfrentarnos con las dudas y los sueños que a veces duermen mucho tiempo en nuestros corazones sin salir. Las personas que amamos pueden facilitar este proceso.
Conversemos. De nuestras preocupaciones, planes, dudas; de amor, salud, sexo, trabajo; de costumbres, deportes, recreación. Conversemos. Será más fácil crecer, será más fácil vivir mejor.

lunes, 9 de marzo de 2009

Tomar riesgos puede acercarnos a la felicidad.

El ser humano tiende a preferir mantenerse atado a una situación mediocre, triste o estresante simplemente porque es conocida. Cambiar puede ser un gran desafío, aunque exista la posibilidad de encontrar felicidad. Y muchas veces nos quedamos en la inercia, sin intentar romperla por no arriesgarnos. Y se van así muchas posibilidades de buenos momentos o gran felicidad.

Aprendamos a aventurarnos por la vida. Primero con pequeñas cosas:
• Preparemos o pidamos un alimento de una forma diferente
• Ordenemos la rutina de una forma diferente
• Comamos algo que no habíamos probado
• Retémonos a nosotros mismos en vez de asumir que no somos capaces. (Si creemos eso… de verdad no vamos a ser capaces)
• Si no nos gustó el cochayuyo como guiso probemos como ensalada
• Si no nos gustó la berenjena frita probémosla en lasagna.
• Inscribámonos en ese curso tantas veces postergado
• Escribamos esa carta que no nos hemos atrevido a escribir
• Vendamos ese mueble que nos trae malos recuerdos
• Consigamos ese libro que queremos leer desde hace tiempo

Con el tiempo, tomar riesgos se hará más natural. Y podremos preocuparnos de esas grandes decisiones que hemos postergado por miedo. Sea la posibilidad de una nueva carrera, de alcanzar el peso ideal, de tener una pareja compatible, de tener buena salud…sólo tenemos que atrevernos a ir haciendo los cambios necesarios, aunque inicialmente sea un poquito atemorizante. No se trata de lanzarnos al vacío sin pensar en las consecuencias, sino de estar en mejor sintonía con nuestros deseos más profundos. Así, buscaremos caminos para alinearlos con nuestra vida cotidiana. Y nuestra vida empezará a fluir más fácilmente. Todo será posible, porque, recordemos, detrás de la voluntad anidan los deseos. Aquello que deseamos verdaderamente se abrirá paso a través de nuestro atrevimiento y se hará realidad.

jueves, 26 de febrero de 2009

Preguntas para contestarlas en secreto

La búsqueda de la felicidad es un proceso activo. Y en este camino, a veces debemos sentarnos en silencio, sólo con nosotros mismos, para alinear nuestros sueños con nuestras acciones de cada día. Para esos momentos en solitario, puede ser de ayuda esta colección de preguntas. No están ordenadas por jerarquía y no constituyen un cuestionario propiamente tal. Son, simplemente, gatillos para iniciar esa conversación íntima.

¿Qué es lo más importante para mí, tanto que si falta dejo de ser yo?
¿Lo tengo?
¿Qué cosas deseo, aunque no modifican mi esencia y podrían permitirme negociar con mis seres queridos?
¿Qué cosas estoy defendiendo que no son tan trascendentales para mí?
¿Qué precio estoy pagando por ello?
Con mis deseos ¿hiero a alguien?
¿Qué cosas quisiera sacar de mi vida?
¿Por qué no lo he hecho aún?

¿Intento ser feliz?
¿Me doy cuenta de que merezco ser feliz?
¿Trabajo para que haya armonía a mi alrededor? Y si es así ¿Lo hago manteniendo respeto por mí? ¿Y manteniendo también el respeto por los demás?

¿Respeto el espacio vital de mis cercanos o intento controlar sus vidas?
¿Elijo desear lo mejor a los otros? ¿O guardo pensamientos negativos para con ellos, como rabia, envidia?

¿Elijo la gratitud por todo lo que tengo o el sufrimiento por lo que me falta?

¿Me preocupan problemas reales que ya ocurrieron? ¿O la simple posibilidad de algo que todavía no llegó?

Si tuviera todo el dinero que quisiera, ¿a qué me gustaría dedicarme? ¿Y por qué? ¿Qué me atrae de esa actividad? ¿Podría llegar a realizarla aunque no tenga demasiado dinero?

¿Qué asuntos tengo inconclusos? ¿Puedo terminar algunos? ¿Puedo olvidar el resto?

Esta conversación debe sostenerse cada cierto tiempo. Mantener ese contacto íntimo con nosotros mismos puede ayudarnos a ser más felices, a vivir mejor.

miércoles, 25 de febrero de 2009

¿Queremos estar sanos?

Cuando estamos enfermos hay una perturbación en el equilibrio que debe existir entre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y sufrimos por ello. Puede ser a través de un dolor, de una deformación o de la simple convicción de estar dañados. Pero, en definitiva, perdemos felicidad.

No estar sanos puede ser la consecuencia de malos hábitos, que hemos adquirido por no darle importancia a nuestro cuidado. Al mismo tiempo, esta condición es un llamado de auxilio del organismo para que modifiquemos esas costumbres que nos hacen daño y evitemos un mal mayor. Si es así, debemos identificar ese hábito y modificarlo para mejorar nuestro bienestar.

La enfermedad puede ser una alerta para darnos cuenta de que debemos modificar algo significativo en nuestras decisiones. O bien puede ser necesaria esta limitación para descubrir algo de más trascendencia. Puede ser un elemento substancial para cumplir con nuestra misión. Muchas personas encuentran la razón de su vida tras un accidente u otro problema de salud grave.

Esto es más difícil de descubrir y asumir, pero también puede ser un hábito en sí mismo, para desligarnos de las responsabilidades que tenemos con el mundo o recibir beneficios por nuestra situación. Estar enfermo puede hacer la vida más difícil, pero, de igual forma, puede hacerla más fácil en algún sentido específico, si cerca de nosotros hay quienes nos reemplazan en tareas que fueron nuestras o nos prestan más atención. Incluso puede llegar a ser una forma de manipular el entorno. El problema es que es una forma de obtener el objetivo que no nos aporta felicidad.

No me malinterpreten, aquí no hay maldad por parte del enfermo, sólo necesidades que se canalizan mal. Nadie quiere sufrir o hacer sufrir conscientemente. Muchos de estos procesos son inconscientes. Y, a veces, además, muy difíciles de analizar. Pero, en cualquiera de los casos anteriores, ha habido múltiples elecciones que hemos hecho que han influido en nuestro estado. Todos podemos revisar nuestras vidas y cómo las hemos estado viviendo para comenzar con algunos cambios refrescantes.

Darnos cuenta de qué cosas son primordiales para nosotros, y cuáles no…es un buen punto de partida. Priorizar nos permite desechar la paja y conservar el grano. Seguimos construyendo nuestras vidas, día a día, con las decisiones que tomamos hoy y las que tomaremos en los próximos días y años. Y con las que dejamos de tomar, porque esa pasividad también es una opción.

Es importante no olvidar que, asimismo, hay trastornos que sólo cumplen con el rol de ayudarnos a partir de este mundo. En tal caso, debemos considerarlas como la oportunidad de preparar nuestra partida y no dejar cosas elementales inconclusas.

Es bueno revisar las dolencias que nos acompañan, puede ser que descubramos algo de lo que he mencionado. En tal caso, debemos hacer las correcciones del caso, para no eternizar las dificultades que podamos tener para cumplir con nuestra misión. Y porque sin enfermedades podemos ser más felices y vivir mejor.

martes, 17 de febrero de 2009

Todos somos importantes

Cada uno de nosotros es un eslabón importante en la gran cadena del universo, somos irreemplazables en nuestra misión. Si entendemos la importancia de nuestro rol en el universo, nos haremos cargo de la gran responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con los demás. Nos querremos más. Y cuidaremos nuestra salud.

Mientras las cosas fluyen como se espera hay trabajos que son invisibles. Tomemos como ejemplo los recolectores de basura. Su trabajo es invisible para casi toda la ciudad. Pero si falta su aporte nuestro mundo se desestabiliza. Siguiendo con el ejemplo ¿Qué haríamos con la basura en casa, eternamente?

El aporte que podemos hacer al mundo (todos) es muy valioso, aunque a veces nos pareciera que no. Y debemos resguardar nuestra habilidad para llevarlo a cabo.

Nuestra salud es nuestra responsabilidad, intransferible. Los demás pueden ayudar, pero nuestra vida estará siempre en nuestras manos, sea que queramos coger las riendas o no.

Evitar nuestra misión en la vida nos perjudica a nosotros mismos, porque nos aleja de la felicidad y al resto del mundo, que espera de nosotros muchas cosas.

Todos somos importantes en la red de la humanidad, necesarios para que otros puedan cumplir con su misión. Del resultado de esta intrincada tela de araña surge el mundo que conocemos. Sin duda, es mejor si nadie se margina del resto de los humanos. Y para no hacerlo involuntariamente debemos cuidar nuestra salud: alimentarnos bien, dormir bien, hacer ejercicio, tener un proyecto de vida, tener una actitud positiva frente a la vida y a quienes nos rodean.

Si somos fuertes y felices, podremos, con certeza, mejorar este mundo para otros y para nosotros mismos.