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sábado, 30 de julio de 2011

Juntémonos

Una de las cosas más sanadoras que existe es compartir con personas que queremos y que sabemos que nos quieren. Compartir con amigos que nos escuchen, nos acompañen o nos hagan sentir importantes, es vital para nuestra salud. El ser humano es gregario por naturaleza, necesitamos ser parte de una red. Todos los problemas se sienten más pequeños si los compartimos con gente contenedora. Todas las ideas se afinan y crecen si nos ayudan personas que desean nuestro éxito. Por último, el sólo hecho de tocarse ha demostrado que tiene un efecto anti-estrés en el humano.

Pero no todas las relaciones hacen bien.

Debemos elegir personas positivas, que nos quieran, que sepamos honestas con nosotros. Y que deseen ser parte de nuestras vidas. Más de una vez he escuchado personas que se quejan de alguien que les genera muchos problemas sin que, aparentemente, les aporte nada bueno. Pero insisten en mantener la relación. ¿No sería mejor dejar que esa persona siga su camino y buscar alguien que nos respete? No hay que olvidar que todas las relaciones que tenemos son elegidas y construidas por nosotros. Lo que la relación nos da… es lo que hemos aceptado. Pero… ¿es lo que queremos seguir aceptando? Es nuestra responsabilidad escoger las personas de quienes vamos a depender emocionalmente.

Por otro lado, debemos estar conscientes de lo que nos ocurre en el grupo. La velocidad con que vivimos nos obliga a pasar por nuestros días en forma automática, cumpliendo obligaciones, repitiendo rutinas. Y eso nos adormece un poco, como también puede hacerlo un exceso de alcohol, el uso de drogas o una baja autoestima. Pero cuando estamos con amigos necesitamos claridad respecto a lo que está ocurriendo, para aprovechar contactos emocionales de buena calidad. Si no nos sentimos contenidos, optimistas, queridos, probablemente no estamos en el lugar correcto. Pero sólo lo detectaremos y podremos corregirlo si no entorpecemos nuestra conciencia.

Juntémonos, pero con amigos que elegimos y que creemos que vale la pena cuidar.

lunes, 28 de junio de 2010

¿Para qué sirve este dolor?

El dolor, a veces, nos cae encima como el inesperado ruido del trueno. Y quiebra esa calma que nos trae la rutina.

Nos preguntamos ¿Cómo borrar este dolor que paraliza el alma? ¿Cómo evitar nuevos dolores?

Y entonces el dolor viene a decirnos que llegó para contrastar todo lo hermoso que ahora deberemos atesorar de nuestros recuerdos. Hay muchos momentos dulces que hemos vivido, que afloran cuando el dolor clava su espada en nuestro pecho. Momentos con humor, besos tiernos, la tranquilidad de saber que cuentas con un amigo en un momento de indecisión, placeres que alumbraron tu día. No debemos perder de vista lo hermoso que vivimos.

Entonces las preguntas que surgen son diferentes ¿Cómo puedo construir nuevos momentos felices con este aprendizaje? ¿Para qué me sirve este dolor? ¿Cómo ser capaces de tomar el dolor y convertirlo en crecimiento?

Es difícil esto en un momento de dolor. Pero tal vez los amigos ayuden a hacer esta reflexión, que vale la pena, porque después viene la paz. Y la paz en el alma nos ayuda a vivir más sanos, mejor.

domingo, 19 de abril de 2009

¿Dónde empieza el sexo?

¿Dónde se acaba la ternura y empieza el sexo? ¿Dónde se acaba el deseo de hacer feliz a la pareja y empieza la satisfacción sexual? ¿Cuándo el placer se llama sexo?

Vivimos en un mundo que ha tratado de separar el sexo de las demás formas de comunicación como si fuera una función con claras delimitaciones y una agenda absolutamente estructurada. Pero el sexo es parte de las muchas formas que tenemos de comunicarnos. Y por eso está en más lugares de los que tenemos consciencia. Y no es igual para todos. Y tampoco es igual siempre para una pareja. El sexo tiene diferentes orillas dependiendo de las personas. Para algunos el sexo sólo puede vivirse a través de la genitalidad. Para otros puede comenzar a sentirse antes de mirarse o tocarse. O puede ser una experiencia tántrica. Más aún, para una misma pareja a veces es una experiencia sutil y otras veces salvaje. Por eso no debemos presionarnos a hacerlo de un modo o de otro. Lo que hagamos está bien si nos hace felices y no daña a nadie.

El sexo no tiene una forma correcta y otra incorrecta, pero sí debe haber una sintonía entre quienes se encuentran. Y como es una forma de comunicación habrá muchos elementos que pueden modificar la experiencia.

Nuestra civilización le ha dado una gran importancia a la líbido espontánea a la hora de desear el encuentro sexual. Proyectamos en ello nuestra cultura fálica y la disociación entre sexo y comunicación. Pero el encuentro entre dos personas puede ser deseable aunque no haya contacto genital y una relación sexual completa, aunque ninguno busque específicamente satisfacción sexual. Más bien por el solo goce de estar con la persona amada, de darle placer, de comunicarse. Sí, aunque no haya líbido puede haber un encuentro divino. El placer de estar con la otra persona puede, por supuesto, terminar en un coloquio francamente sexual. Para hacerlo más complejo aún, ésta puede encenderse sin un encuentro sexual tradicional. O la situación que partió como contención puede terminar en sexo y aquella que partió en sexo puede terminar en juego sin que nadie resulte frustrado por el giro que dio la experiencia. Por otro lado, situaciones cotidianas, como una conversación telefónica, pueden tener una gran carga de energía sexual. Y la complicidad entre amantes puede darle significado sexual a palabras o símbolos, sin que nadie más comparta la asociación. El mensaje es ser flexibles para no perder oportunidades de disfrutar.

Todos tenemos sueños y aprendizajes distintos, vemos el mundo, el amor, la felicidad, la sexualidad, el placer de distintas maneras. Por eso, es muy importante conversar del tema y no dar por obvia ninguna cosa. Nuestra pareja no lee el pensamiento y no tiene por qué estar dispuesta sólo a ceder. Si bien ambos podrán condescender, ninguno de los dos tiene por qué cambiar su esencia para satisfacer al otro. También debemos sentir un cierto balance en la relación, entre lo que damos y lo que recibimos. Cuando uno de los dos siente que la situación está desbalanceada, habrá que revisar más profundamente la relación en busca de las causas, para trabajarlas de acuerdo con las convicciones personales. Como el sexo es una forma de comunicación no está desconectado del resto del vínculo, independiente de que se trate de una relación no comprometida o de un matrimonio consolidado.

El sexo es una forma compleja de comunicarse, que puede ser maravillosa, pero no puede encasillarse en tareas o rutinas específicas. Es necesario que cada pareja encuentre su identidad y aprenda a distinguir si el lazo está sano o requiere algún cambio para poder vivir mejor.

sábado, 18 de abril de 2009

Soñar hace bien

Sin duda que mirar hacia el futuro con una idea de lo que queremos ser es bueno para todos. Pero esta vez me refiero al sueño físico, ese descanso de nuestro cuerpo y nuestra mente que repara lo dañado o agotado durante la vigilia. Después de un día largo y productivo necesitamos reparar tejidos, recuperar fuerzas. Y el sueño nocturno hará ese trabajo para nosotros. Por esta razón, debemos respetar esta exigencia del organismo de descansar.

Los seres humanos funcionan con un ritmo circadiano que se guía por los ciclos de luz y oscuridad del día y la noche. Durante el día, está activada esa parte de nuestro sistema nervioso que determina la vigilia. Cuando llega la hora del descanso se activa la zona que determina el sueño. No se trata de una sola zona que se activa o inactiva, por eso, para que ambas zonas se coordinen, es importante no desconcertar a nuestro organismo.
Procuremos que nuestro dormitorio esté oscuro a la hora del descanso y dejemos que entre la luz cuando nos despertemos.

Mantengamos un horario ordenado, acostándonos y levantándonos más o menos a la misma hora todos los días. Nuestro sistema nervioso autónomo agradecerá que no le desconcertemos. En el caso de los niños debemos procurar que se vayan a la cama antes de las diez y media de la noche, para aprovechar al máximo la producción de la hormona de crecimiento. En el caso de los ancianos, que requieren menos horas de sueño, el cuidado estará puesto en no dormir demasiado temprano para no completar las horas de sueño en una hora incómoda en la que todos los demás aún estén durmiendo. En general, es más fácil dormirse más tarde que despertar más temprano que el resto.

Nuestro dormitorio debe ser un lugar agradable, destinado sólo al sueño y al sexo. No acostumbremos a llevar tareas diferentes a la cama. No incorporemos distractores como televisión o gran cantidad de muebles o adornos. El lugar debe sernos agradable.

Para condicionar este cambio de guardia entre la zona activadora de vigilia y la activadora de sueño, démosle un aviso a nuestro cuerpo antes de ir a dormir. La leche tibia es clásica, pero también puede ser un té de hierbas o cualquier otra cosa que nos ayude a decirle a nuestro organismo: “prepárate para el descanso”

Está demostrado que el ejercicio regular ayuda a mejorar la calidad del sueño. Para esto basta con salir a caminar media hora al día.

Una mejor calidad de sueño se puede obtener si acostumbramos a relajarnos antes de dormir. Hay muchas formas de conseguirlo. Una de ellas es tenderse de espaldas en la cama, haciendo consciencia de cada parte de nuestro organismo en secuencia, tratando de relajarlas. Centrarnos luego en nuestra respiración nos permitirá limpiar la mente y prepararla para el sueño.

Así como evitamos las actividades activantes antes de acostarnos, debemos prescindir de consumir bebidas con alcohol o sustancias estimulantes. Las personas que se activan con la cafeína deben evitarla. Asímismo, hay personas que deberán rehusar cualquier comida antes de ir a la cama.

Si tenemos todos estos cuidados y nuestro sueño no es normal acojamos el aviso y busquemos la ayuda de un médico. Este signo puede ayudarnos a descubrir varias enfermedades que se manifiestan, entre otras cosas, por alteraciones del sueño. Si nuestros hábitos no son saludables tendremos muchas molestias y no sabremos a cuál dar importancia. Pero si tratamos bien a nuestro organismo sabremos que las molestias que tengamos corresponden a condiciones que requieren atención. Y podremos ponerles atención y tomar medidas que nos permitan vivir más sanos.

lunes, 13 de abril de 2009

Dejemos fluir las emociones… pero suavemente.

Nuestras emociones deben salir como la ola suave que baña la playa tranquila No como la ola que revienta sobre el roquerío. Porque nuestras emociones siempre golpean en el pecho de alguien. Y no tenemos derecho a herir a nuestros cercanos por no haber pensado lo suficiente. Claro que tampoco debemos pensar sólo para manipular a los que nos rodean, esperando que se preocupen de lo que nosotros sentimos pero sin dar a cambio contención, ternura, cariño.

Las emociones nos conectan con los que queremos. Pero también pueden quebrar todos los puentes que nos unen a nuestros cercanos si no somos capaces de encauzarlas correctamente.

Cuando queramos exigir atención preguntémonos ¿yo doy la atención que estoy pidiendo?

Cuando nos enojamos porque no nos tomaron en cuenta pensemos ¿qué hice yo para facilitar ese proceso?

Cuando no queremos ni siquiera hablar ¿será lo que la otra persona necesita o tendremos que hacer un esfuerzo y ponernos en su lugar?

Cuando asumimos que nos tienen que atender ¿programamos algo para retribuir el gesto?

Cuando traemos rabia ¿respiramos profundo para no explotar con quien no tiene culpa alguna?

Si nos hacemos dueños de nuestras emociones nos ayudarán para estar ahí cuando el hijo tenga pena, cuando el marido esté cansado, cuando la mujer tenga miedo, cuando la nieta quiera consuelo. Y eso es lo que construye la red de amor y apoyo que nos permite vivir mejor.

sábado, 11 de abril de 2009

Hagámonos conscientes de la realidad.

Tenemos un piloto automático dentro de nuestra mente. Y éste toma el control de muchas actividades de nuestra vida diaria. Todos conocemos ejemplos. Nos vamos a casa y ni recordamos el camino de regreso, vamos absortos caminando y pasamos de largo nuestro destino.

Pero este piloto automático a veces es aún más poderoso y toma bajo su mando todo nuestro día. Desde que suena el despertador, nos vamos al trabajo, trabajamos, regresamos a casa, algunos trámites de rutina, otra vez a la cama, etc. Y podemos vivir así por años. Hasta que de pronto algo nos hace darnos cuenta de que nos hemos sentado al lado del camino a ver pasar nuestra vida como si fuera ajena a nosotros.

Ese algo puede ser una conversación con un amigo, algo que leemos, un pensamiento que surge solo desde nuestro espíritu, una película. Y de pronto nuestra alma resplandece y nos damos cuenta de que queremos gobernar nuestra vida; no queremos que se desenrolle por inercia como si fuera una alfombra por la que cualquiera puede pasar.

Debemos aprovechar ese momento de iluminación. Y construir la vida en la que vamos a plasmar nuestros sueños. Para tomar conciencia de lo que está ocurriendo en nuestras vidas… escribamos. Lo que hacemos, lo que pensamos, en qué usamos nuestro tiempo, los sueños en los que pensamos cuando nadie nos ve… Todo. Leer estos registros nos dará mucha información sobre cómo se está desenvolviendo nuestra vida. Y nos encontraremos con muchas sorpresas, también.

También debemos agradecer la oportunidad de darnos cuenta que podemos asumir nuestra vida en forma consciente. Hay personas que pasan por la vida atrapados en la rutina sin ver nunca la posibilidad de hacerse cargo de sus vidas. Si nosotros hemos vislumbrado siquiera la eventualidad de salir de esta inercia podemos sentirnos felices, porque éste es el primer paso para forjarse una vida nueva, más propia, más sana, mejor.

jueves, 9 de abril de 2009

Saber lo que compramos, saber lo que comemos

Cuando vamos al médico o a la nutricionista nos dan una lista de alimentos o sustancias que debemos evitar o aumentar en nuestra dieta. Pero al lado afuera de la puerta se empieza a diluir esta lista. Eso ocurre porque muchas de las cosas que nos prohibieron o sugirieron son más bien esotéricas. Nos hablaron de azúcar, de sodio, de fibra. Camino a casa ya recordamos la mitad de lo que nos dijeron, porque son términos a los que no estamos acostumbrados. Cuando vamos al supermercado tal vez el 20% de lo que escuchamos está todavía presente en nuestra mente, pero traducir eso a una lista de compras…. Ya se convierte en tarea mayor.

Existe una forma de familiarizarse de a poco con estos nombres y el contenido de ellos en los productos que compramos. Debemos acostumbrarnos a leer las etiquetas. Allí encontraremos las sustancias que nos han prohibido y sabremos que ese producto hay que evitarlo. O encontraremos que aportan aquello que nos recomendaron aumentar. De a poco iremos acostumbrándonos a este ejercicio hasta que resulte casi automático.

De esta forma nos estaremos haciendo cargo de nuestras elecciones en el supermercado. Tal vez nos sorprendamos con algunos descubrimientos. Hay productos que no son dulces y contienen miel. Hay galletas dulces que contienen sal. Hay otras que no son dulces y contienen glucosa, que es un tipo de azúcar. Los productos rotulados como dietéticos pueden contener algo que tenemos prohibido o restringido. Aunque tengan menor cantidad de alguna sustancia eso no significa que le sirve a todas las personas que tienen que llevar una dieta especial.

El médico o la nutricionista deben tratar de dar indicaciones generales, porque no conocen nuestra lista de supermercado y tampoco pueden construirnos una nueva. Pero nosotros sí podemos elaborar una lista adecuada para nuestras necesidades sin nos lo proponemos. Y cuando surjan dudas, si falta para nuestro próximo control, ingresemos nuestra duda en www.estilosaludable.org y tendremos una respuesta directa y completa.

jueves, 26 de marzo de 2009

Todo lo que hacemos nos da salud (o nos la quita)

Cada decisión que tomamos, cada cosa que dejamos de hacer va construyendo nuestras vidas tal como las vivimos. Si la cosecha es buena es porque la siembra ha sido sabia.

Tendemos a pensar que cuidar las consecuencias de nuestros actos se refiere sólo a actuar dentro de la ley o con respeto por el prójimo. Si bien es cierto que debemos preservar este tipo de actuaciones, debemos también tomar en cuenta que las consecuencias de nuestros actos no siempre las sufren los otros.

Muchas veces es nuestro propio organismo el que sufre porque hemos sido irresponsables con él. Pero cuando esas consecuencias llegan, actuamos como si vinieran del espacio exterior. Nos duelen las rodillas. Pero llevamos años sobrecargándolas con un sobrepeso por el que no hacemos nada. Nos molesta el colon. Pero no hacemos nada para aprender a manejar el estrés del día a día y caminamos por la vida en forma automática. Tenemos un gran riesgo de eventos cardiovasculares, pero no estamos dispuestos a dejar de beber o de comer grandes cantidades de carne.

Si revisamos nuestras pequeñas decisiones de todos los días veremos que somos verdaderos protagonistas de nuestra vida. Cuando elegimos bebidas gaseosas en vez de agua, cuando elegimos fumar en vez de salir a caminar, cuando comemos un gran trozo de carne en vez de un plato de lentejas, cuando decidimos pasar media tarde pensando en problemas que nos estresan pero que no estamos solucionando. Sí. Pero también construimos nuestro futuro cuando caminamos en vez usar el auto, cuando conversamos con nuestros seres queridos sobre los límites que deben respetar, cuando decidimos convertir nuestro hobby en una actividad rentable, cuando buscamos nuevas maneras de comer alimentos saludables que antes no nos gustaron.

Todas estas decisiones que parecen tan diversas y poco relevantes son las que van construyendo nuestra salud. Para mal o para bien. Según nuestra voluntad. Pequeñas medidas nos pueden acercar a vivir más sano. A vivir mejor. Si tiene preguntas sobre sus hábitos de vida, o cree que puede ayudar que su entorne mejore su estilo de vida, visite los servicios en línea de www.estilosaludable.org

viernes, 20 de marzo de 2009

¿Qué es comer bien?

Comer bien es difícil de conseguir. Incluso es difícil de definir. Pero es importante tratar de aprender un poco más del tema porque los alimentos que ingerimos o dejamos de ingerir determinan, en gran parte, cómo va a ser nuestra salud.
Comer bien es proporcionarle a nuestro organismo las sustancias que necesita para funcionar y para reparar tejidos. Y, al mismo tiempo, consumir la menor cantidad posible de elementos perjudiciales para nuestro cuerpo.

Por un lado, debemos asegurarnos una cantidad suficiente de proteínas, algunos tipos de grasa, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y fibra.

Por otro lado, debemos evitar los hidratos de carbono refinados (azúcares), algunas grasas, anilinas, excesos en general.

Suena complejo, ¿verdad? Lo es. Por eso es importante que no aplique todos los comentarios que escucha, sino que seleccione aquellos que vienen de profesionales idóneos.

Pero la buena noticia es que hay formas de acercarnos a ideal:

• Comer variado. De esta forma iremos obteniendo de diversos alimentos lo que cada uno puede aportar. Y será más divertido.

• Comer legumbres al menos dos o tres veces por semana, porque ellas aportan proteínas, fibra y algunos minerales que no son fáciles de encontrar en la naturaleza. Prefiramos prepararlas con algún cereal (arroz, mote) para aprovechar mejor las proteínas que contienen.

• Comer mucha verdura y frutas. La fibra que contienen tiene roles de extraordinaria importancia. Como aportan vitaminas, muchas de las cuales se destruyen con el calor, algunas veces debe preferirlas crudas. Exploremos nuevas opciones. La ensalada no es la única forma de comer verduras.

• Comer pocas grasas de origen animal. Las grasas son necesarias para el organismo, pero no son todas iguales. Las grasas que provienen de los animales que caminan pueden agregar un trabajo exagerado a nuestro metabolismo.

• No consumir menos de 1000 calorías al día. Cuando hacemos dietas de semiayuno nuestro organismo echa a andar diversos procesos que no son del todo beneficiosos. Por ejemplo: destruye sus músculos para obtener la energía que no le llega de otra forma.

Estas recomendaciones son generales. Cada persona es un mundo en sí mismo y puede requerir indicaciones especiales, por sus características personales. Si usted tiene algún trastorno conocido o no ha controlado su salud en los últimos doce meses le recomiendo acercarse a un centro de salud. El médico, en conjunto con otros profesionales cuando sea necesario, podrá personalizar estas recomendaciones. Ayuda complementaria puede encontrarla en el sitio www.estilosaludable.org

miércoles, 18 de marzo de 2009

Conversémonos un café

El ser humano es gregario por naturaleza. Cada sujeto precisa de los otros y es necesario para el resto. Los demás pueden enseñarnos, hacernos sentir queridos, ayudarnos a reconocer hechos importantes para nuestra salud, motivarnos a ser mejores, apoyarnos para ser felices. Para eso están ahí. Y para alguna de esas cosas estamos nosotros en la vida de los otros. Debemos procurar que nuestras relaciones humanas puedan atender alguna de estas necesidades. Busquemos en esas personas que están a nuestro lado cuál de los beneficios mencionados debemos agradecerles. Y hagámoslo, a todos nos hace bien que nos den las gracias por estar ahí.

Tratemos de pedirle a nuestros cercanos aquellas cosas que les resulten fáciles. Nuestra pareja nos debe apoyar para ser felices, nos puede motivar para ser mejores. Nuestros hijos, en su constante desarrollo, nos enseñan cada día algo nuevo. Nuestro médico o nuestra nutricionista saben bien qué rutinas alimentarias serán elegibles, nuestro dentista nos enseñará cómo cuidar la salud de nuestra boca. Cada uno de los individuos que están a nuestro alrededor tiene una experticia particular y debemos reconocerla, respetarla y estar abiertos para recibir un regalo a través de ella.
Todas las personas que están cerca de nosotros pueden enseñarnos algo, incluso aquellos que no tienen largos años de estudios formales, porque la vida nos ha enseñado a todos por diferentes caminos. Todos podemos mejorar el mundo de otras almas.

Conversar nos puede ayudar a entrar en nuestro propio mundo. Conocernos es un proceso complejo y largo. Y para lograrlo debemos enfrentarnos con las dudas y los sueños que a veces duermen mucho tiempo en nuestros corazones sin salir. Las personas que amamos pueden facilitar este proceso.
Conversemos. De nuestras preocupaciones, planes, dudas; de amor, salud, sexo, trabajo; de costumbres, deportes, recreación. Conversemos. Será más fácil crecer, será más fácil vivir mejor.

martes, 10 de marzo de 2009

Nosotros elegimos nuestro estilo de vida

Los hábitos que elegimos se hacen invisibles con el paso del tiempo. Nos acostumbramos a saltarnos el desayuno, a comer colaciones tipo chatarra en vez de llevar algo preparado desde la casa, a fumar, a sentarnos largas horas frente al televisor cada noche. Y no tenemos inquietud ni curiosidad por saber si estamos protegiendo o descuidando nuestra salud. Estos hábitos silenciosos se instalan en nuestras vidas con tal fuerza, que llegamos a pensar que los hábitos nos han elegido a nosotros y no al revés.

Incluso pensamos que no podemos modificarlos, o que no queremos hacerlo, para evitarnos el desgaste de energía que significa romper la inercia. A todos nos ha pasado. De alguna forma justificamos esas costumbres que sabemos que no son del todo sanas, pero que sería trabajoso romper. Nos convencemos de que no tenemos tiempo, de que es mejor esta rutina que alguna otra más dañina, etc. Seguimos consumiendo una cantidad exagerada de bebidas o evitando hacer ejercicio.

Para no engañarnos prioricemos. ¿Qué es lo que más nos importa? ¿Quiénes son los que más nos importan? ¿Cómo disfrutamos más de nuestra vida? ¿Cómo atendemos mejor las necesidades de los que tanto queremos? ¿Estando sanos o atados a un estilo de vida que nos hace envejecer a una velocidad exagerada? Si intentamos ordenar de mayor a menor todas las posibles gratificaciones de nuestra vida será más fácil decidir qué prácticas debemos conservar y cuáles debemos desechar. Hagámoslo lento, no todos los cambios a la vez; pero sin pausa, para construir, cada día, una vida más sana, una vida mejor.

Para algunos consejos prácticos que pueden ayudarle en este camino, visite www.estilosaludable.org

miércoles, 4 de marzo de 2009

Los alimentos son energía cristalizada

Los alimentos son la forma visible de los rayos del sol y de la fuerza del universo.
Las plantas han cogido el aire y la luz solar y la han convertido en comida que dará energía a nuestro cuerpo. Nuestro organismo no tiene mecanismos eficientes para convertir la luz del sol en energía de nuestros sistemas. Las plantas hacen ese trabajo por nosotros, gracias a la fotosíntesis. El resultado es que podemos obtener la fuerza que necesitamos para funcionar al consumir los vegetales y a aquellos animales que aprovecharon esta savia antes que nosotros. Este es un proceso milagroso que nos permite vivir tan bien como deseemos hacerlo.

Alimentarnos es casi un rito sagrado. Debemos comprender que el cosmos completo funciona para nosotros, para disponer nutrientes para nuestro crecimiento, nuestro desarrollo y la restauración de nuestro aliento para enfrentar nuevos desafíos. De esa forma será más fácil entender la responsabilidad que tenemos para hacer buen uso de este esmero de la naturaleza.

Los alimentos son regalos de la creación para nuestro beneficio. No debemos perderlos o estropearlos ni darles mal uso. En un sentido estrictamente práctico, debemos aprovechar de buena manera los manjares que nos han sido ofrecidos. En un sentido más espiritual, debemos agradecer la bendición diaria que significa poder nutrirnos y disfrutar. En esta actitud positiva y respetuosa, comer nos permitirá vivir mejor.

Y para construir toda una experiencia podemos pedir la ayuda del equipo de PaprikaProducciones.

viernes, 27 de febrero de 2009

Soltar, Soltar, que la vida se va a acabar.

Dirigir conscientemente nuestra vida, nuestras decisiones, es muy importante para sentirse satisfecho con cada logro. Pero existe un horizonte que no debemos sobrepasar para no dañarnos ni perjudicar a otros. Un excesivo control será fuente de gran stress.

Debemos aprender a desligarnos de esas situaciones de nuestro propio pasado que se prolongan más allá de lo que resulta sano.

A veces le damos vueltas, una y otra vez, a asuntos que ya han decantado por su propio peso. Pero la remota esperanza de que la situación cambie en forma mágica nos sujeta y no cerramos la puerta. Y seguimos sufriendo. Por la pareja que ya nos comunicó que no nos ama, por el pariente que nos hirió y nunca se disculpó, por la madre que nos mintió y nos hizo sentir enrabiados. Debemos ejercitarnos en dejar ir.

Y también debemos educarnos para soltar esas situaciones ajenas que intentamos controlar sin que sea nuestra, verdaderamente, la responsabilidad del asunto.

Controlar a los demás no siempre se manifiesta dándoles órdenes. Hay diferentes maneras de exteriorizar esto.

En ocasiones, lo que hacemos es solucionarle todos los problemas a los hijos, impidiéndoles enfrentarse a la necesidad de conseguir una solución. Cuando somos padres, una de nuestras responsabilidades es permitir que nuestros hijos crezcan, aprendan a solucionar inconvenientes, y a sobrevivir. Deben desarrollar herramientas, idealmente primero con complicaciones pequeñas. Si el proceso es paulatino, cuando lleguen a los problemas graves ya tendrán herramientas para resolver por su cuenta. Si solucionamos nosotros todos los primeros dilemas, se enfrentarán a dificultades graves sin haber ejercitado nunca su capacidad de decidir. Y sufrirán mucho.

Otras veces somos verdaderos tutores de adultos que ya pueden tomar sus decisiones y tienen derecho a equivocarse. Pero ignoramos su capacidad de elegir. Invadimos el espacio de seres queridos, como nuestra pareja, tomando decisiones por ellos como si fuéramos la madre o el padre de un niño pequeño.

En otras circunstancias, intentamos que nos den más información de la que debemos recibir. Deseamos saber todo lo que ocurre, cuando en realidad, no tenemos las atribuciones para remediar todos los males.

Hay muchas maneras de quedarnos sujetos a un pasado o a una idea de ser útil, que nos impiden seguir avanzando. Debemos revisar todas esas puertas aún abiertas a dolores o intervenciones que tenemos que dejar pasar. Cerrémoslas, para que puedan abrirse otras, a realidades más brillantes, a una vida mejor.

jueves, 26 de febrero de 2009

Preguntas para contestarlas en secreto

La búsqueda de la felicidad es un proceso activo. Y en este camino, a veces debemos sentarnos en silencio, sólo con nosotros mismos, para alinear nuestros sueños con nuestras acciones de cada día. Para esos momentos en solitario, puede ser de ayuda esta colección de preguntas. No están ordenadas por jerarquía y no constituyen un cuestionario propiamente tal. Son, simplemente, gatillos para iniciar esa conversación íntima.

¿Qué es lo más importante para mí, tanto que si falta dejo de ser yo?
¿Lo tengo?
¿Qué cosas deseo, aunque no modifican mi esencia y podrían permitirme negociar con mis seres queridos?
¿Qué cosas estoy defendiendo que no son tan trascendentales para mí?
¿Qué precio estoy pagando por ello?
Con mis deseos ¿hiero a alguien?
¿Qué cosas quisiera sacar de mi vida?
¿Por qué no lo he hecho aún?

¿Intento ser feliz?
¿Me doy cuenta de que merezco ser feliz?
¿Trabajo para que haya armonía a mi alrededor? Y si es así ¿Lo hago manteniendo respeto por mí? ¿Y manteniendo también el respeto por los demás?

¿Respeto el espacio vital de mis cercanos o intento controlar sus vidas?
¿Elijo desear lo mejor a los otros? ¿O guardo pensamientos negativos para con ellos, como rabia, envidia?

¿Elijo la gratitud por todo lo que tengo o el sufrimiento por lo que me falta?

¿Me preocupan problemas reales que ya ocurrieron? ¿O la simple posibilidad de algo que todavía no llegó?

Si tuviera todo el dinero que quisiera, ¿a qué me gustaría dedicarme? ¿Y por qué? ¿Qué me atrae de esa actividad? ¿Podría llegar a realizarla aunque no tenga demasiado dinero?

¿Qué asuntos tengo inconclusos? ¿Puedo terminar algunos? ¿Puedo olvidar el resto?

Esta conversación debe sostenerse cada cierto tiempo. Mantener ese contacto íntimo con nosotros mismos puede ayudarnos a ser más felices, a vivir mejor.

miércoles, 25 de febrero de 2009

¿Queremos estar sanos?

Cuando estamos enfermos hay una perturbación en el equilibrio que debe existir entre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y sufrimos por ello. Puede ser a través de un dolor, de una deformación o de la simple convicción de estar dañados. Pero, en definitiva, perdemos felicidad.

No estar sanos puede ser la consecuencia de malos hábitos, que hemos adquirido por no darle importancia a nuestro cuidado. Al mismo tiempo, esta condición es un llamado de auxilio del organismo para que modifiquemos esas costumbres que nos hacen daño y evitemos un mal mayor. Si es así, debemos identificar ese hábito y modificarlo para mejorar nuestro bienestar.

La enfermedad puede ser una alerta para darnos cuenta de que debemos modificar algo significativo en nuestras decisiones. O bien puede ser necesaria esta limitación para descubrir algo de más trascendencia. Puede ser un elemento substancial para cumplir con nuestra misión. Muchas personas encuentran la razón de su vida tras un accidente u otro problema de salud grave.

Esto es más difícil de descubrir y asumir, pero también puede ser un hábito en sí mismo, para desligarnos de las responsabilidades que tenemos con el mundo o recibir beneficios por nuestra situación. Estar enfermo puede hacer la vida más difícil, pero, de igual forma, puede hacerla más fácil en algún sentido específico, si cerca de nosotros hay quienes nos reemplazan en tareas que fueron nuestras o nos prestan más atención. Incluso puede llegar a ser una forma de manipular el entorno. El problema es que es una forma de obtener el objetivo que no nos aporta felicidad.

No me malinterpreten, aquí no hay maldad por parte del enfermo, sólo necesidades que se canalizan mal. Nadie quiere sufrir o hacer sufrir conscientemente. Muchos de estos procesos son inconscientes. Y, a veces, además, muy difíciles de analizar. Pero, en cualquiera de los casos anteriores, ha habido múltiples elecciones que hemos hecho que han influido en nuestro estado. Todos podemos revisar nuestras vidas y cómo las hemos estado viviendo para comenzar con algunos cambios refrescantes.

Darnos cuenta de qué cosas son primordiales para nosotros, y cuáles no…es un buen punto de partida. Priorizar nos permite desechar la paja y conservar el grano. Seguimos construyendo nuestras vidas, día a día, con las decisiones que tomamos hoy y las que tomaremos en los próximos días y años. Y con las que dejamos de tomar, porque esa pasividad también es una opción.

Es importante no olvidar que, asimismo, hay trastornos que sólo cumplen con el rol de ayudarnos a partir de este mundo. En tal caso, debemos considerarlas como la oportunidad de preparar nuestra partida y no dejar cosas elementales inconclusas.

Es bueno revisar las dolencias que nos acompañan, puede ser que descubramos algo de lo que he mencionado. En tal caso, debemos hacer las correcciones del caso, para no eternizar las dificultades que podamos tener para cumplir con nuestra misión. Y porque sin enfermedades podemos ser más felices y vivir mejor.

domingo, 22 de febrero de 2009

Alimentémonos para vivir bien

Ayudemos a nuestro cuerpo a ser fuerte para cumplir con la misión que hemos elegido. Escuchemos sus solicitudes y sus quejas. El organismo humano es una máquina maravillosa capaz de comunicarse con nuestra mente en forma prodigiosa. Pero a veces hacemos oídos sordos de sus avisos.

Si tenemos la sensación de haber comido demasiado, probablemente ha sido así. Si tenemos hambre es porque nuestro organismo necesita recibir nutrientes para realizar los procesos de reparación y mantención de tejidos y órganos. Si tenemos sed debemos beber agua.

Cuando algunos alimentos nos hacen sentir mal repetidamente debemos revisar el tema. Puede estar ocurriendo una de estas dos cosas:
• Hemos pasado mucho tiempo sin consumir este producto y debemos prepararnos nuevamente para consumirlo. Tal vez deban inducirse (aumentar la producción) de algunas enzimas necesarias para la digestión de algunos de los nutrientes que contiene.
• Debemos evitar ese plato porque contiene sustancias que nuestro organismo no puede digerir completamente.

La alimentación puede ser una gran aliada para cumplir con nuestros sueños. Elijamos aquello que nos beneficia.
Consumamos:
• Bastante fibra. Se encuentra en frutas y verduras.
• Mucha agua. No es obligación que sea fría o recién obtenida de la cañería. Puede ser agua de hierbas, un té, jugos de fruta.
• Proteínas. El huevo y las leguminosas (en Chile legumbres) son una buena fuente.
• Vitaminas y antioxidantes. Consuma frutas crudas frecuentemente.
• Hidratos de carbono no refinados. El arroz, las papas, las leguminosas aportan este tipo de carbohidratos.
• Grasas de origen vegetal.

Seamos conscientes de lo que decidimos cada vez que comemos o dejamos de comer algo. El alimento no puede gobernarnos, nosotros somos más poderosos. Nosotros somos los seres pensantes, el alimento es inanimado y no puede invadirnos si no se lo permitimos. Nosotros elegimos. www.estilosaludable.org puede ayudar a hacer una buena elección.

martes, 17 de febrero de 2009

Todos somos importantes

Cada uno de nosotros es un eslabón importante en la gran cadena del universo, somos irreemplazables en nuestra misión. Si entendemos la importancia de nuestro rol en el universo, nos haremos cargo de la gran responsabilidad que tenemos con nosotros mismos y con los demás. Nos querremos más. Y cuidaremos nuestra salud.

Mientras las cosas fluyen como se espera hay trabajos que son invisibles. Tomemos como ejemplo los recolectores de basura. Su trabajo es invisible para casi toda la ciudad. Pero si falta su aporte nuestro mundo se desestabiliza. Siguiendo con el ejemplo ¿Qué haríamos con la basura en casa, eternamente?

El aporte que podemos hacer al mundo (todos) es muy valioso, aunque a veces nos pareciera que no. Y debemos resguardar nuestra habilidad para llevarlo a cabo.

Nuestra salud es nuestra responsabilidad, intransferible. Los demás pueden ayudar, pero nuestra vida estará siempre en nuestras manos, sea que queramos coger las riendas o no.

Evitar nuestra misión en la vida nos perjudica a nosotros mismos, porque nos aleja de la felicidad y al resto del mundo, que espera de nosotros muchas cosas.

Todos somos importantes en la red de la humanidad, necesarios para que otros puedan cumplir con su misión. Del resultado de esta intrincada tela de araña surge el mundo que conocemos. Sin duda, es mejor si nadie se margina del resto de los humanos. Y para no hacerlo involuntariamente debemos cuidar nuestra salud: alimentarnos bien, dormir bien, hacer ejercicio, tener un proyecto de vida, tener una actitud positiva frente a la vida y a quienes nos rodean.

Si somos fuertes y felices, podremos, con certeza, mejorar este mundo para otros y para nosotros mismos.

domingo, 15 de febrero de 2009

Inventemos nuestras oportunidades

La desesperanza a veces invade la vida porque vemos sólo los caminos tradicionales. Y nos amarramos a dificultades y vidas limitadas porque nos da susto probar situaciones inciertas. Y nuestro cuerpo se rebela, y nos cuesta dormir y se entristece nuestro día.
Entonces es tiempo de pensar fuera de la caja y mirar nuestras posibilidades con otros ojos. Y construirnos oportunidades desde el escenario en que estemos, cualquiera que sea.

Cada persona puede generar su propio mapa de oportunidades. Para ello, eso sí, debe comprometerse con su propio futuro. Da lo mismo si la vida nos ha visto hacer siempre lo mismo. Todos podemos desarrollar nuevas herramientas y explorar nuevos caminos. Para intentar el camino a la satisfacción, a veces será necesario desprenderse de costumbres menos importantes, a veces será necesario atreverse a cambiarse de ciudad, o estudiar algún tema. Pero siempre será posible si ponemos en ello todo nuestro espíritu. Y en la medida en que nos sintamos más cómodos nuestro cuerpo va a estar más sano.

Revisemos todos nuestros sueños. Alguno de ellos, al menos, es realizable y podemos empezar a trabajar en él. Para descubrirlos podemos preguntarnos qué haríamos si tuviéramos todo el dinero que pudiéramos gastar. Muchas veces estos sueños pueden ser una buena fuente de ingresos, también.

Leamos. Si no nos gusta leer es porque no nos hemos encontrado con la lectura correcta. Son tantos los libros que existen que alguno puede entusiasmarnos. Reír con algo de humor, conocer a los clásicos, apreciar la poesía de nuestro continente, disfrutar de un viaje por el espacio exterior, aprender un oficio, soñar con lugares lejanos, aprender de nuestras raíces, flotar en un mundo de fantasía que nos de placer… cada cual puede elegir.

Juguemos. Incluso siendo adultos, los juegos nos pueden preparar para mejores experiencias y, de todas maneras, nos ayudarán a eliminar estrés.

Investiguemos, aprendamos, que el mundo es ancho y más hermoso y con más oportunidades de las que ni siquiera soñamos. Podemos acercarnos a Internet o buscar en bibliotecas y catálogos, buscar ideas de negocios o conocimiento para planear algún proyecto. Conversemos con quienes están cerca nuestro, compartamos nuestras inquietudes, porque “uno más uno” muchas veces es más que dos.

Shakespeare nos legó esta certeza en la voz del príncipe de Dinamarca: “Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía”.
Las hay. Y están allí para que vayamos a su encuentro y seamos más felices y más sanos.

sábado, 14 de febrero de 2009

Elegir el amor

Hoy, día de San Valentín, de una forma u otra, todos pensamos en el amor. En ése que dejamos ir sin luchar por él, en ése que nos iluminó la vida, en ése que soñamos, en ése que podría haber sido, en ése que tenemos pero no es el que añoramos, en ése que nos da fuerza para levantarnos cada día…

En cierta forma, tendemos a apresar al amor en una relación de pareja. Pero el amor es mucho más que eso. La unión entre dos amantes puede ser un trozo de cielo, pero hay muchas otras formas en que el amor puede inundar nuestras vidas. La voz de un amigo en el teléfono para desearnos un buen día, la sonrisa de la persona que recibió lo que quisimos compartir, la mirada de nuestros hijos, el mensaje de alguien que no conocemos, pero que llegó por Internet en el momento adecuado para reconfortarnos.

El amor es una fuerza constructiva. Dondequiera que esté.

Si las palabras del amigo entibian tu corazón… es amor.
Si el rostro plácido del hijo que duerme te da fuerzas para tomar una buena decisión… es amor.
Toda acción humana que ayuda a crear, a crecer, a mirar al futuro, a re-encantarse con los propios sueños… es amor

En oposición a ello… si estar con esa persona no nos da paz, nos da tristeza o no nos da razones para ser mejor… no es amor y debemos revisar las elecciones que hacemos día a día sin darnos cuenta.

Es nuestro deber elegir el amor por sobre el desamor. Activamente. Recordemos ese dicho: Para que el mal triunfe… basta que los hombres buenos no hagan nada. Homónimamente, para que el desamor se apodere de nuestras vidas… basta con que no busquemos activamente el amor.

Y nuestra responsabilidad primera es el amor a nosotros mismos, entendiendo cuál es nuestro lugar en el universo y cuánta diferencia podemos sembrar en el mundo.

viernes, 13 de febrero de 2009

Dominemos nuestro cuerpo

Para ser dueños de las decisiones en nuestras vidas y poder tomar de ella sólo lo mejor… debemos dominar nuestra mente y nuestro cuerpo. De conducir nuestra mente ya hablaremos. Ahora el comentario tiene que ver con nuestro cuerpo, ese traje que nos acompaña durante toda esta vida, querámoslo o no. Ese traje que estará en buenas condiciones si lo tratamos bien o será una catástrofe que hará desastrosa nuestra vida si no nos hacemos responsables.

Manejemos nosotros nuestro cuerpo, nos pertenece y podemos hacerlo. Podemos tener la autonomía y la energía que deseemos. Hacer ejercicio es una tarea difícil si no entendemos por qué lo hacemos. Pero si vislumbramos, aunque sea tenuemente, las delicias que nos puede permitir un cuerpo sano… tendremos la fuerza para trotar, hacer bicicleta, caminar, nadar o lo que sea que nos propongamos como medio para mantener nuestro cuerpo a la altura de nuestros deseos. El ejercicio habitual mantendrá nuestro cuerpo sano y, lo que es más importante, capaz de hacer todas esas cosas que nos dan placer o felicidad.

¿Han disfrutado de un cuerpo sin dolores? ¿De una tarde de sexo sin límites? ¿De un paseo por la naturaleza sin la dificultad de cansarnos antes de llegar a destino? Todo esto es posible si cuidamos nuestro cuerpo. Debemos hacer ejercicio y mantenernos lejos de aquellas sustancias, alimentos y actividades que sabemos que nos hacen daño.

Busquemos el ejercicio que nos acomode mejor. Para todos hay alguna alternativa. Y démonos permiso para la aventura de vivir nuestra vida… de la mejor manera.