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miércoles, 14 de octubre de 2009

Formas de facilitar el consumo de vegetales

Tenga vegetales en su casa.
Asegúrese de tener en casa los alimentos que debe consumir. Los vegetales congelados pueden resolver las situaciones en que no se dispone de verduras frescas. Asimismo, evite comprar lo que no desea consumir.

Facilite su consumo.
Tenga algunos lavados, sin piel, trozados, tratados de alguna forma fácil de consumir.

Explore nuevas formas de consumirlos.

Experimente, mezcle, busque recetas nuevas. Las ensaladas no son la única manera de consumir vegetales.

Esconda aquellos menos atractivos.

Un puré de papas puede bajar el sabor de muchos vegetales, como repollos de Bruselas, espinaca o cualquier vegetal que en casa no sea especialmente apetecido. Y de paso le da un giro al tradicional puré, dándole un aspecto atractivo y novedoso.

Juegue con el arco iris.
Tiene varias ventajas. Los diferentes colores representan diferentes grupos de nutrientes, además el plato se verá más atractivo, es una forma de disimular sabores fuertes que solos serían menos atractivos.

Invente pequeñas colaciones.
Puede intentar con varitas de zanahoria, varitas de apio, cubitos de pepino, ramitas de brócoli cocidas en el punto exacto (para que no queden demasiado blandas), tomatitos cherry y trozos de todas las frutas existentes.

Por último, recuerde que aunque inicialmente pueda parecer algo extraño, una vez que se haya convertido en costumbre será fácil de hacer… y tal vez incluso tiente a otros a probar…

martes, 13 de octubre de 2009

Regalemos abrazos

Recuerdo algunos abrazos especiales en mi vida.

Guardo en un lugar especial de mi corazón uno de ellos, intenso, largo, lleno de sentimientos encontrados, una despedida. Con ese abrazo no sólo me despedí de la persona que abrazaba. Ese avión separó dos trozos de mi historia que no han vuelto a encontrar un puente. Pero el recuerdo de ese abrazo me dio fuerzas en otros momentos de mi vida.

Atesoro también un abrazo reciente, dulce, acogedor, lleno de cariño, que me dio un amigo querido, me entibió el alma y me hizo pensar en las muchas cosas que tengo que agradecer, además de su amistad.

Un abrazo puede cambiar una vida. Puede ser cariñoso, protector, dulce, sensual, o como queramos que sea. Lleva la potencia de nuestros sentimientos y nos permite recibir mensajes importantes de afecto y compañía. Puede quedarse en nuestra memoria, sirviendo de apoyo aún mucho tiempo después de haberlo recibido. Un abrazo puede transmitir mucha energía, reconfortar, acercar.

Regalemos abrazos. El mundo será mejor.

domingo, 11 de octubre de 2009

¿Se lo presentarías a tu mamá?

Cuando estamos con una nueva pareja las cosas suelen flotar alrededor nuestro y no dimensionamos correctamente lo que ocurre. Al cabo de un tiempo, puede que sintamos lo mismo en una dimensión más real, pero también puede cambiar nuestra percepción, y ya habremos tomado muchas decisiones que pueden afectar nuestro futuro. ¿Habrá alguna de alertar a nuestro cerebro si algo no es completamente sano?

Hace muchos años, un compañero de curso me hizo una pregunta que sólo cobró verdadero significado muchos años después. Yo le contaba de una nueva pareja, pero también le expresaba mis dudas sobre lo adecuado o no que pudiera ser mantener esta relación en el tiempo. Él me miró y me preguntó ¿se lo presentarías a tu mamá?

Cuando uno se enfrenta a esta pregunta, no sólo analiza su principal marco de referencia, la familia. También se pone inconscientemente en la perspectiva de los seres que le aman a uno y le desean lo mejor. Y puede ayudar a contestar la pregunta original ¿es adecuado? Es verdad que muchas veces tenemos conflictos y diferencias de opinión con la familia. Pero el vínculo está ahí por razones más potentes que las que logramos ver.

Esta pregunta nos lleva, sin que lo captemos concientemente, a ponernos en el lugar de personas que, además de amarnos, ven la escena de una forma más objetiva. Tal vez, durante la adolescencia esto sea especialmente resistido e, irónicamente especialmente necesario. Sin embargo, en nuestra vida adulta, también puede ocurrir que la pregunta nos ayude a evaluar esa amistad, esa pareja, esa sociedad, de la forma en que lo harían personas que nos conocen y nos aman. Es verdad que, de adultos, deberíamos tener la capacidad de tomar nuestras propias decisiones. Pero eso no significa, necesariamente, que debamos ignorar lo que otros pueden contribuir a nuestro proceso de decisión.

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿vale la pena amar así?

No todos tienen la suerte de tener cerca a todas las personas que aman. Algunos aman intensamente a personas que están lejos o que no los incluyen en sus vidas. ¿Vale la pena amar así?

Respecto a la distancia física he escuchado muchas opiniones encontradas al respecto. Algunas personas dicen que algunos vínculos nunca se destruyen, haya distancia o no. Otros dicen que la distancia destruye todos los vínculos de a poco. Puede que todos tengan algo de razón. Cuando hay distancia, hay lealtades que son menos evidentes, hay menos conciencia de las necesidades reales del otro. Pero, por otro lado, cuando amamos, el poder de esta fuerza no reconoce distancias y es capaz de llegar al otro lado del planeta para decirle al oído al ser amado: “Ten fuerzas, hoy va a ser un buen día”

Respecto a la distancia emocional tal vez haya más consenso en el sentido de que no vale la pena amar así. Algunos dicen que sólo si hay amor en ambas direcciones vale la pena llamarlo amor. Sin embargo, me parece importante distinguir entre amar y “querer tener”. El amor es una fuerza creativa que potencia todos los aspectos positivos de la vida. Es el anhelo puro y desinteresado de que el otro esté bien. “Querer tener” es un simple deseo, más humano, más egoísta, más pedestre, si se quiere. Y puede ser legítimo en aquellas ocasiones donde este amor es correspondido. En este contexto, amar se justifica siempre, porque las buenas voluntades mejoran el planeta. “Querer tener”, en cambio, puede ser que no aporte bienestar a ninguna de las partes.

El amor puede ser derramado al mundo sin necesidad de esperar que regrese algo a cambio. Y todos podemos hacerlo. Hacia seres que son parte importante de nuestros sueños o hacia el resto de los humanos, sin nombre, sin rostro, por el sólo deseo de mejorar nuestra humanidad. Todo lo que brote de nuestras conciencias volverá a nosotros de alguna forma. Elijamos que eso sea amor, armonía, esperanza. Pensemos positivo para crear un mundo mejor, amemos lo que somos, lo que tenemos, esa unidad universal en la que participamos todos, siempre vale la pena.

domingo, 4 de octubre de 2009

Conversemos

Cuando existe amor todo puede mejorar. Nuestras vidas, nuestros sueños, nuestro placer, nuestra confianza, nuestro desempeño. Pero ese amor no es una capa que cae desde el cielo sobre nuestros hombros para lucirla como artículo de moda o símbolo de poder. Es una puerta que el universo nos abre a un proceso creativo que debemos defender y cuidar. Los malos entendidos, las malas interpretaciones pueden arreglarse si se conversa adecuadamente, sin exigencias, sin drama innecesario y a tiempo. El amor es un vínculo que fluye en ambas direcciones y se quiebra si no hay balance. Cuando una de las dos personas no quiere ceder, o quiere controlar, no se puede construir el necesario diálogo. Es un trabajo de a dos. Sea que estemos hablando de relación padre-hijo, amiga-amiga, marido-mujer o la que sea, hay dos partes responsables que deben dar lo mismo que esperan. Con un respeto infinito por lo que el otro desea, sueña, espera o necesita. Cuando hay amor esto fluye fácil. Ninguno de los dos espera controlar o manipular al otro, ninguno de los dos espera imponer, al otro, ambiciones que son propias; ambos entienden que la otra persona es un individuo independiente, con experiencias distintas e interpretaciones diferentes de la vida y sus eventos.

¿Pareciera que nuestra relación no está fluyendo así? Conversemos. Tal vez sólo sea una mala interpretación. O tal vez, por respeto al otro, habrá que abrir caminos diferentes porque ninguno debe subordinarse al otro por un capricho. La única manera de descubrir estas sutilezas es conversar. Primero con nuestros propios corazones, para averiguar qué necesitamos, qué anhelamos, qué podemos dejar ir, en qué podemos ceder. Y después con el amigo, la pareja, la hija. Pero conversemos, mientras está la posibilidad. Porque a veces, por más que queramos recuperar la cercanía perdida, la oportunidad se ha ido y la otra persona ya no desea escuchar. Y tal vez hayamos perdido amor, la única pérdida verdadera que podemos tener en la vida.

martes, 22 de septiembre de 2009

Ya… ¿y ahora qué hago con este cuerpo?

En primer lugar… Acéptese... Todos tenemos características positivas que podemos apreciar en nosotros mismos. No se trata de parecer mejor que los otros o de hacer ver a los demás como “peores”. Se trata, simplemente, de valorar ese lugar en el universo que nos corresponde. Todos traemos talentos y limitaciones que tienen que ver con la misión que debemos cumplir y eso nos hace únicos e irremplazables.

Manténgase alerta para mejorar. Cuidado con sobrevalorar las apariencias, hablo de mejorar en un sentido más profundo, no de correr tras el cirujano plástico.

Hágase cargo de su felicidad, la responsabilidad sobre su destino le dará la satisfacción de saber que su éxito es suyo, producto de su esfuerzo.

Busque Soluciones. No se queje, no culpe, no critique, no desprecie la vida que le tocó vivir, simplemente busque soluciones.

Confíe. …Busque amigos, hable de sus sentimientos, escuche, pida ayuda.
A veces es difícil confiar, cuando nos han traicionado, cuando arrastramos dolores que no se han enfriado. Pero debemos hacer el esfuerzo, quien no confía, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relación.

Nunca pierda el buen humor. Puede ser un puente poderoso hacia quienes queremos, puede alivianarnos el camino o simplemente… hacernos sonreír.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Somos dueños de nuestro cuerpo

Lo que hagamos de nuestro cuerpo es el resultado de las decisiones que tomamos a diario.

Somos dueños de elegir a quien acariciar, con quien hacer el amor, a quien evitar. También lo somos de elegir subir por el ascensor o por la escala, de salir a caminar o quedarnos aferrados al control remoto. No podemos culpar a otros si alguna de estas decisiones no fue acertada… aunque podemos corregirla en oportunidades futuras.
Está en nuestras manos desarrollar un cuerpo con el que podamos sentirnos cómodos. Cuidemos nuestro organismo, porque hace posible que cumplamos nuestra misión, que disfrutemos del placer… es la herramienta para hacer nuestro camino y llegar a descubrir la felicidad.

Alimentarse bien es el primer paso. Seleccionar alimentos saludables y dejar pasar aquellos que nos hacen daño. No hablo de adelgazar, engordar o modificar centímetros, sino de no darle menos trabajo a nuestro organismo, de cuidar nuestro nivel de energía.

El descanso nos permite recuperar las energías gastadas durante el día. Duerma bien, no importa que haya tenido un día laboral o de esparcimiento. El número de horas de sueño necesarias varía de persona en persona, pero cada cual sabe, más o menos, cuánto requiere dormir cada noche para estar bien.

Observe su postura. A unos nos cuesta más que a otros mantenerla en forma correcta, pero la ayuda de nuestros seres queridos nos puede permitir hacer la costumbre. Esto desgastará menos nuestro sistema músculo-esquelético.

Sea el maestro de sus gestos. Los gestos, como nuestra postura, van modelando nuestra relación con el entorno. Sonría. Es imposible mantener la amargura mucho rato si comenzamos a sonreír. Y nuestro día va a mejorar aún más cuando nos sonrían de vuelta.

El lenguaje parece más sutil, pero seleccionar las expresiones que usaremos nos conducirá por el camino que deseamos (o por aquel que no queremos, si no ponemos esmero es nuestra elección)

Independientemente de las habilidades físicas con que hayamos nacido, siempre habrá alguna forma de hacer ejercicio. Con seguridad habrá alguna actividad agradable que podemos practicar, pasear con el perro, salir en bicicleta con el hijo o la hija, caminar con la pareja, inscribirse en el gimnasio con algún amigo, jugar al tenis con alguien de la oficina…

Revisemos los hábitos que podemos cambiar para tratarnos mejor. Tal vez podamos usar la escalera en vez del ascensor, llevar menos trabajo a casa, beber menos, caminar parte del camino al trabajo, dejar de fumar, administrar mejor nuestro tiempo, jugar más.

Por último, y tal vez lo más importante, debemos velar porque nuestro cuerpo haga lo que nuestro espíritu desea y no se deje llevar por los estímulos equivocados. Ni esos instintos que a veces parecen dominarnos, ni esas personas que intentan inducir conductas que les benefician a ellos…Nosotros somos los dueños de nuestro cuerpo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Por qué comemos?

Cuando comemos, en realidad atraemos a nuestro organismo mucho más que comida.
Recibimos placer, compañía, información.

Y buscamos la comida por estas razones. El placer de comer chocolate es clásico, pero muchos alimentos son una fuente de placer importante, que puede tomar un lugar exagerado en nuestras vidas si no tenemos grandes alternativas. El organismo lee sabores dulces, texturas suaves, texturas crujientes. Cada uno de estos elementos puede satisfacer diferentes necesidades.

Hay otras razones más elaboradas para buscar alimentos también.

Puede ser una forma de autosabotaje importante. Si comemos en exceso, seremos obesos y estaremos impedidos de realizar muchas tareas que, tal vez, nos dan susto…o rabia.

Para hacer más compleja la cosa, dejar de comer también tiene razones que van más allá de tener o no hambre.

Muchas personas se han perdido el proceso de aprendizaje de sabores o tienen una personalidad muy rígida que los previene de experimentar con diferentes sabores y texturas. Estas personas también tendrán una dificultad para capturar el placer y la alegría en otras áreas de la vida.

Dejar de alimentarse o alimentarse en un nivel subnormal puede esconder trastornos de la autoimagen o deseos de “desaparecer” de la esfera social. ¿Problemas de autoestima? ¿Incapacidad de incorporarnos a la red social tal como está construida?

Comer muy poco o sólo algunos alimentos puede ser también una forma de autosabotaje, al frenar la posibilidad de disfrutar de elementos placenteros o al construir un organismo en desventaja de salud respecto al resto. Podremos así evitar tareas intimidantes o que nos producen rabia. Será una forma de desprendernos de responsabilidad respecto a nuestros actos.

Si usted no tiene un peso en el rango normal, si está más arriba o más abajo, si es “el gordito” o “la flaca” deténgase un momento a pensar si pudiera estar en alguna de las situaciones mencionadas. Lo bueno de hacer esta reflexión, es que podemos descubrir algo que se puede trabajar para llegar a tener una mejor calidad de vida.

miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Por qué sentimos hambre?

El organismo necesita recibir muchas sustancias para poder mantener el equilibrio, reparando lo que se daña, reemplazando lo que se destruye. Estas sustancias están repartidas por la naturaleza. Ningún alimento contiene todos los nutrientes que debemos recibir. Debemos mezclar diferentes fuentes de nutrientes para poder completar los requerimientos diarios.

Nuestro cuerpo es capaz de leer qué ingresa y qué falta. Como el hambre es una señal que envía el cerebro para que busquemos alimento, la enviará mientras nos falte alguno de los nutrientes, aunque hayamos consumido muchas calorías. Porque no es la cantidad de calorías lo que quita el hambre. Sólo si le damos al organismo lo que necesita dejará de enviar estos mensajes.

Por otro lado, por la disponibilidad de alimentos en el mundo moderno, nos hemos acostumbrado a comer en ciertos horarios o circunstancias no directamente relacionadas con el hambre. Eso hace que ya no seamos expertos en descifrar qué es hambre. Y muchas veces confundimos con hambre otras sensaciones. La sed es una de ellas. Una persona que consume poco agua tendrá, seguramente, sed a lo largo del día, lo que puede calmarse, al menos parcialmente, con algunos alimentos que contienen agua, pero regresará para hacernos ingerir más agua. Si interpretamos mal esta sensación, podremos comer muchas calorías sin sentido alguno. Hay sensaciones menos asociadas a elementos físicos; como urgencias, vacío emocional, compulsiones o atracones que también deben identificarse, porque se solucionan de formas muy diferentes al hambre.

La próxima vez que sienta hambre pregúntese si su alimentación ha sido variada, considere la posibilidad de que esté faltando alguna vitamina, hidratos de carbono, alguna sal mineral, etc. En tal caso recurra a tipos de alimentos que no ha consumido últimamente. La idea correcta es alimentarse para que el organismo pueda cumplir con todas sus funciones, no sólo sumar calorías o cualquier otro atributo aislado de la comida.

domingo, 9 de agosto de 2009

Somos dueños de nuestros pensamientos

Nadie puede intervenir pensamientos ajenos, cada persona crea lo que quiere. Si pensamos depresivamente habrá tristeza. Si pensamos con esperanza y amor habrá una luz infinita en nuestro camino. Los pensamientos son tan propios y privados que nadie, por más daño que quiera hacernos, puede imponernos.

Si creamos los pensamientos propios, podemos también decidir, conscientemente, abandonar pensamientos de miedo, de rabia, de dolor. Y reemplazarlos por alegría, tranquilidad y gratitud.

¿Lo había pensado? Sólo usted define lo que piensa. Sea que elija ver la sonrisa o el gesto duro. Sólo usted.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Busquemos las sonrisas

Hace unos días estuve de compras en el supermercado donde habitualmente compro. Cuando pesé unas bolsas de fruta, la persona que me etiquetó los productos me devolvió una sonrisa ancha que iluminó el sector completo. Yo andaba algo triste, algo nostálgica. Y cuando vi esta luz, que me regalaba una persona que no sabía ni quién era yo, pensé que el mundo es una fuente inagotable de belleza, bondad, alegría y generosidad. Entonces desapareció mi nostalgia.

A veces caminamos por la vida tan concentrados en grandes problemas que nos perdemos esas sonrisas gratuitas y maravillosas. Ojalá podamos ir todos más despacio, para alcanzar a cruzar la mirada con la gente buena que ilumina los días. Ojalá podamos sonreír más, para iluminar la vida de otros y recibir de vuelta la mágica luz de una sonrisa.

viernes, 31 de julio de 2009

La enfermedad… esa amiga

A nadie le gusta conscientemente estar enfermo. Pero a nivel inconsciente ocurre a veces que la enfermedad puede resultar útil para algunos propósitos.

Esto puede ocurrir por más de una razón.

La necesidad de conservar la enfermedad nos permite encauzar una herida más profunda o dolorosa que no nos sentimos capaces de manejar. Mantenernos en el ambiente concreto de una enfermedad con diagnóstico específico que nos lleva a la consulta del médico, a la farmacia (acciones absolutamente delimitadas) nos puede permitir aterrizar temores que no somos capaces de manejar o incluso definir. Pero si no nos enfrentamos al hecho de que en realidad no queremos mejorar… no podremos hallar el camino para expulsar ese otro dolor más profundo que nos hace encerrarnos en una situación poco sana.

La presencia de la enfermedad nos permite tener asistencia, compañía, excusa para evitar algunas tareas, ayuda con algunos quehaceres, reemplazo en algunas obligaciones que no queremos o que sentimos que no seremos capaces de asumir. Es una salvadora de la que, eso sí, no estamos siempre claramente conscientes.

¿Cómo puedo sospechar si es mi caso?

En general, la alerta deberá levantarse especialmente con enfermedades de larga evolución que otras personas solucionan, en general, con tratamientos más cortos que el nuestro.

Cuando rechazamos, más de una vez, procedimientos quirúrgicos, hospitalizaciones, nuevas terapias, que nuestro médico tratante nos explica que podría tener éxito, o bien los interrumpimos antes de que se cumpla el plazo recomendado.

Las reacciones adversas a medicamentos son mensajes de rechazo que el cuerpo envía cuando la persona no quiere medicarse. Cuando nos ocurre repetidamente que no toleramos medicamentos para una enfermedad en particular debemos hacer consciente nuestro deseo de no mejorar.

¿Qué hago si es mi caso?

Buscar dentro de mi espíritu esos temas no resueltos o no enfrentados. Acercarme a lo que desea mi corazón y desprenderme un poco de lo que se supone que debo hacer. Establecer mis propias prioridades, cuidando de no dañar gratuitamente a quienes me quieren. Recordar que a veces un dolor producido por una revelación honesta nos puede prevenir de otros, mucho más grandes, producidos por una situación de eternos engaños o recriminaciones (hacia otros o hacia nosotros mismos)

jueves, 30 de julio de 2009

La verdad, deseada y temida

La verdad trae, muchas veces, dolor. Ese dolor puede ser devastador o abrir puertas hacia dimensiones nuevas en nuestra vida. ¿Qué será lo que hace la diferencia entre ambas situaciones? Hay dolores que clavan su filo en lo más esencial de nuestra alma y eso puede destruirnos. Hay otros dolores que sólo retiran un poco de piel para dejar a la vista elementos más primordiales de nuestra existencia y esa limpieza nos permite caminar con más seguridad.

La verdad, a veces, deja caer en su lugar algunas piezas que antes flotaban sin conexión aparente. Y los eventos empiezan a tomar sentido.

La verdad puede abrir muchos caminos diferentes. No siempre nos pone por delante la vía más fácil. Pero funcionar con la verdad siempre ayuda a mantener la confianza, en quienes tenemos cerca, en quienes amamos, en quienes dicen amarnos, en quienes queremos amar. Y esa confianza nos da fuerzas para enfrentar la ruta que iniciamos.

No sabemos qué nos traerá la verdad, es cierto, pero por más dura que sea la prueba tendremos la posibilidad de enfrentarla… y tener éxito. Sin la verdad… las tinieblas no permitirán que veamos las opciones verdaderas, no podremos elegir, y la angustia ocupará el lugar de la satisfacción.

La verdad es un riesgo, pero vale la pena, porque lo que viene después resolverá dudas, suavizará ansiedades, sembrará futuro.

jueves, 23 de julio de 2009

El valor de un amigo

Después de conversar con un par de amigas me quedé pensando en lo afortunada que soy al tener los amigos que tengo. Porque están ahí cuando los necesito. Porque me dan su cariño. Porque crecemos juntos.

No siempre busco algo trascendente en la amistad. A veces es sólo estar cerca. Puede ser, entonces, que busque al que esté más cerca para que entibie mi mano. O puede ser que añore la presencia de alguien en especial. A veces es algo más complejo. Y buscaré al amigo que mejor sepa ayudarme a descubrir la solución. A veces será un recuerdo que vuelve a la memoria, de momentos agradables que quiera traer de nuevo.

Cada amigo se cruza en nuestro camino por alguna razón que le es propia. A veces nos ponen por delante lecciones que debemos aprender, a veces es el apoyo que necesitamos para enfrentar algún desafío, a veces es sólo amor que se manifiesta en la forma más pura.

El valor de cada amigo hay que descubrirlo en el camino de esa amistad. Es parte del juego. Y ese descubrimiento puede abrir las puertas de un gran crecimiento interior o hacer crecer el amor que ya existe. De cualquier forma, entender cada vínculo está lleno de sorpresas que vale la pena vivir.

lunes, 13 de julio de 2009

Ir cerrando puertas

El estrés le sirve al organismo para reaccionar frente a una emergencia, luchando o arrancando.
Pero altos niveles de estrés en forma permanente pueden comprometer nuestra calidad de vida. Algo así como “Bueno el cilantro, pero no tanto”.
Para que nuestra vida sea agradable la tensión debe mantenerse dentro de ciertos límites.

Todos los seres humanos somos diferentes y nos preocupamos por cosas diferentes, pero hay algo que puede ayudarnos a todos.

Cuando mantenemos situaciones pendientes, no resueltas, estamos provocándonos nerviosismo. ¿Cómo podría evitarse? Terminando procesos. Completando esas tareas que tenemos a medias o soñamos desde hace tiempo. Eliminando de la agenda esos temas a los que no hemos dedicamos energía porque, en el fondo, no queremos darles espacio. Perdonando a los que todavía nos producen rencor. Iniciando de una vez ese tan anhelado proyecto. Llamando por teléfono a ese pariente que hace mucho queremos contactar porque le debemos una explicación. Cerrando puertas.

Cuando no cerramos la puerta a los dolores antiguos, estamos llevando ese dolor a otras personas que no lo merecen. Todos hemos tenido pérdidas grandes. La diferencia entre los que tienen buena calidad de vida y los que no está en cómo se usa el dolor. Si usamos el dolor para aprender una lección y seguimos caminando,,, viviremos bien. Si nos quedamos atados al dolor seremos ciegos a las cosas hermosas que hay a nuestro alrededor.

Es importante descubrir qué cosas nos alteran más y tratar de solucionarlas de alguna manera, pero podemos partir, más modestamente, eliminando lo superfluo, retomando lo importante, cerrando puertas inútiles, abriendo ventanas hacia un futuro mejor.

sábado, 4 de julio de 2009

¿Vale la pena el esfuerzo?

Hace unos días me tocó escuchar una conversación entre dos jóvenes. Ella se refería a otra niña, no presente allí, como irresponsable, caprichosa y coqueta (usó, en realidad, un término más fuerte). Es probable que la chica aludida no haya sido tan irresponsable o caprichosa como intentaban hacerla parecer, sino más bien, una evidente amenaza; pero no va por ahí mi comentario.

Me quedé pensando en la energía desplegada en ese esfuerzo. La argumentación tenía dos posibles destinos:

El joven podía seguir su camino, sin darse por aludido respecto a los comentarios. En este caso, el brío de la comentarista sería, claramente, perdido.

La otra posibilidad es que la chica, finalmente, le convenciera de ser mejor que la irresponsable. Pero… entonces ella sería mejor que alguien poco valioso (según sus propios planteamientos) …¿no es más gratificante ser elegido si las alternativas son también buenas?

Me quedé pensando después de que se alejaron. Se elige a cada momento hacia dónde dirigir la voluntad. Cada opción puede aportar al universo o quitarle algo a otros. Para cada resolución hay que intentar mirar hacia la jugada siguiente… ¿adónde lleva nuestra determinación?

No hay forma de que estos esfuerzos destructores den un resultado positivo… Es mejor invertir la energía en construir. Para todos alcanza el amor en este mundo. Y el amor es, básicamente, una fuerza creadora. Siempre.

martes, 30 de junio de 2009

Agradecer en vez de odiar

Todas las relaciones con las que nos enfrentamos en la vida tienen algún propósito que debemos entender y honrar.

Incluso aquellas relaciones que nos han hecho sufrir, amigos, maridos, mujeres, profesores. Pueden ser, sin que lo advirtamos, ángeles que nos han puesto en alguna situación que debemos resolver o que nos han impuesto alguna dificultad para que nos diéramos cuenta de algo importante.

Antes de odiar a esas personas que nos inflingieron algún daño… pensemos.

¿Será que esa experiencia era necesaria para llegar a ser quienes somos ahora? Tal vez debíamos templar nuestra alma para adquirir la fuerza que ahora nos permite enfrentar desafíos importantes.

¿Será que debíamos enfrentarnos a una situación para aprender una lección? Tal vez era importante vivir nuevamente alguna situación que no habíamos manejado bien antes…

Esa persona que nos hizo sentir tanta rabia… tal vez sólo ayudaba a nuestra alma a crecer. Entonces… ¿no será mejor agradecer en vez de odiar?

martes, 23 de junio de 2009

Para vivir mejor

Para vivir mejor cada ser humano debe descubrir su fórmula. En este proceso probablemente nadie podrá reemplazarlo. Cada uno deberá tener una conversación privada consigo mismo para descubrir sus prioridades, sus valores intransables, lo que puede dejar ir. Porque para disfrutar todo lo que la vida puede darnos no sólo es necesario estar sano desde un punto de vista fisiológico o físico. También hay que aprender a ser feliz.

A continuación 7 recomendaciones generales que pueden ayudar a encontrar el camino personal:

1. Búsqueda espiritual. Esta búsqueda parte por nuestro propio yo y sigue con la búsqueda de la trascendencia.

2. Profundizar algunas relaciones personales, incluyendo la relación primaria. El cable a tierra más potente de los seres humanos siempre es una relación personal.

3. Buscar y respetar lo que aquellos con más experiencia, tienen que enseñar. En una era donde cada vez hay más personas con muchos años de estudios formales a veces menospreciamos lo que la experiencia bien adquirida puede enseñarnos. Con el filtro de nuestro buen criterio, debemos revisar las experiencias de los mayores y de aquellos que, sin ser mayores, sin ser más poderosos, sin ser más ricos... igual pueden darnos grandes lecciones, porque vivieron algo que nosotros no.

4. Darse tiempo para salir a la naturaleza y cuidarla. La obra de Dios es evidente en cada detalle de la naturaleza, el perfil de la nuestra cordillera, el sonido del agua que corre, la multitud de colores; y todo está ahí gratis, para nosotros. Y debería estar ahí para nuestros nietos.

5. Explorar el interior por las habilidades no explotadas, mirar la infancia. Debemos estar alertas a las señales del universo, mirar con los ojos ávidos de novedad de un niño. Hay muchas cosas que no hemos intentado, pero podemos hacer bien y tal vez nos den sensación de plenitud. Muchos sueños que con la ayuda de los que nos quieren podrían ser una realidad espectacular. (¡Nunca es tarde!)

6. Dar. Dar hasta que duela. Dar no sólo lo que tenemos, sino lo que somos. Sonreir, acompañar, escuchar son formas superiores de dar.

7. Evitar la “comida chatarra” para el alma. Rodearse de buena música. Masaru Emoto demostró que con pensamientos positivos y buena música se forman cristales de agua hermosos y con pensamientos negativos y algunos tipos de música se forman estructuras aberrantes. Acercarse a personas positivas, usar lenguaje positivo (base de la Programación Neurolingúistica). Crear ambientes armónicos, sin exceso de adornos ni cosas inútiles.

Buena suerte en este viaje.

sábado, 20 de junio de 2009

Todo dolor tiene un sentido

Hay ángeles que se cruzan en nuestras vidas para presentarnos un dolor que debemos vivir para aprender algo en nuestro crecimiento.

Esos dolores darán un fruto de amor que no siempre se comprende a la primera lectura. A veces hay que volver una y otra vez al mismo dolor florecido en el alma para llegar a entender por qué se cruzó en nuestro camino. Pero el proceso de evolución del espíritu bien vale la pena.

Ningún dolor debe quedar sin sentido. Debemos honrar a los que nos han ayudado a encontrarnos con este sufrimiento, buscando la razón de por qué debemos vivir esta experiencia.

Siempre que sentimos una pérdida hay dolor. Pero esa ausencia nos permite emprender alguna tarea que no podríamos lograr si la situación no hubiera cambiado. A veces. por el dolor, se estrechan lazos de amor que antes no valorábamos en su justo alcance, desarrollamos una fuerza que nos permite vivir más fácilmente después, aprendemos a conocernos mejor y a reconocer las señales de felicidad, o asimilamos las fuentes diarias de alegría y paz.

Como sea que nos haga crecer el dolor, debemos descubrir el regalo de amor que viene oculto en él.

martes, 16 de junio de 2009

Ese difícil perdón

En nuestras relaciones interpersonales, muchas veces ocurren hechos que nos hacen sufrir o dañan a otros. Esas situaciones, a veces, toman lugar en nuestras vidas y se arrastran por nuestros días sin dejarnos libres. Y son un lastre que nos dificulta amarnos, o ver la belleza en el amanecer, en las hojas del otoño, en las sonrisas ajenas, en los pequeños gestos de generosidad que otros seres humanos regalan.

Para alivianar esa carga que a veces dobla nuestras espaldas hay un secreto, fácil y difícil a la vez. El perdón.

Cuando conseguimos perdonar, cuando logramos recordar sin dolor, nuestro cuerpo es más liviano de llevar, nuestra felicidad es más fácil de alimentar. Para eso a veces basta entender que el otro vivía sus propios dolores cuando nos dañó. En otras circunstancias tendremos que aceptar que la opción de esa persona que nos hizo sufrir fue una decisión cuya responsabilidad le corresponde al otro y que nosotros no podemos controlar.

Cada dolor es distinto y tendremos que preguntarnos muchas veces por qué nos duele tanto la ofensa. Con sorpresa, algunas veces descubriremos que la magnitud del dolor no corresponde a la ofensa, sino a otros fantasmas que cargamos desde antes.

Para perdonar es necesario, eso sí, buscar intencionadamente la forma de hacerlo. Puede decirse que es nuestra responsabilidad de alguna manera.

Lo magnífico de esto es lo liberador que es el perdón. Una vez que hemos perdonado nos libramos de un peso. Sea que perdonemos a otro o a nosotros mismos. Porque muchas veces tenemos que ejercer este cometido con nuestros propias caídas. Debemos aprender de nuestros errores, no castigarnos eternamente por ellos.

No importa quién haya cometido la falta, absolverle de culpa nos liberará y nos permitirá ser más felices… vivir mejor.